Crítica ‘La Cumbre Escarlata’: Elegancia inocua

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El síndrome de Tarantino, o dicho de otro modo, el gusto excesivo por sí mismo. De sobras es conocido el enorme talento de Guillermo Del Toro, por entre otras cosas, el fantástico diseño tanto artístico como visual del que hace gala en todas y cada una de sus películas. También es distintivo ese estilo a caballo entre lo fantástico y grotesco, un sello inconfundible, de autor y que lo destaca como uno de los directores con mayor personalidad dentro del gremio (ni que hablar entre los hablantes hispanos).

Su nuevo trabajo, ‘La Cumbre Escarlata’, no solo no olvida ninguna de dichas virtudes sino que las potencia hasta límites que solo el mexicano puede conseguir, y que la convierte en una protagonista más de este espectacular despliegue de talento, deslumbrante y artificial a partes iguales, en un intento de recuperar una narración y un tipo de historia que hace mucho que no se ve por el panorama cinematográfico actual. Sin embargo, toda esa espléndida recreación gótica-romántica (siempre y cuando hagamos caso omiso al horrible diseño de los fantasmas) no ha sido trasladada a un guion que no se encuentra nunca a la altura, ni de su director ni del resto de valores que posee la cinta.

A modo de cuento de casas encantadas y espectros varios, la narración clásica propuesta aquí nos lleva a través de una vacía, lujosa y elegante producción, donde la previsibilidad de una historia mil veces manida y muchísimo mejor contada, nos presenta a unos personajes esclavos de un libreto que maneja con una inesperada torpeza las figuras con las que juega. Porque a pesar de los esfuerzos del trío protagonista, siendo Jessica Chastain la única que consigue sobreponerse a la infructuosa palabrería , hay una clara falta de desarrollo y de bruscos cambios en las relaciones interpersonales, que se hacen notablemente marcadas cuando se encuentran con una trama a la que le sobran varias incoherencias.

Y no es que sea en sí mismo un problema (la mayoría de producciones actuales vienen bastante llenas de incoherencias), pero son tan grandes y hay tantos elementos que fallan respecto a todo aquello relacionado con el guion, que resulta difícil pasarlo por alto. Ello, no omite el moderado entretenimiento que ofrece, impulsado sobre todo por el ya mencionado diseño artístico y la buena dirección de Del Toro, que intenta con cierto éxito distraer a los ojos para desconectar el cerebro. Pena, por supuesto, que una película con todos estos valores falle justamente en lo que no puede fallar, en el guion, y más viniendo de un cineasta como el presente que apuesta la mayor parte de sus cartas a lo meramente visual.

‘La Cumbre Escarlata’ no es un fracaso absoluto, pero sí es una ligera decepción que no aprovecha la oportunidad para recuperar la magia de los cuentos clásicos de terror y devolverle el brillo de antaño. El mexicano se gusta y nos gusta, pero descuida aspectos que deberían ser el eje de la construcción y que se queda como el pilar más endeble de una mansión majestuosa, vacua e inconsistente. Esperemos que solo sea un bache en el camino, una desafortunada parada de fantasmas y promesas que no terminan de cumplirse. Unos pasos atrás para coger impulso.

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Crítica ‘Skyfall’: Un renacimiento soberbio

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Por todo lo alto. Después de un decepcionante capítulo y tomarse unas vacaciones, James Bond volvía cuatro años más tarde con fuerzas renovadas y con una bienvenida ración de intrigas, poderío visual y una formidable trama que profundiza en el personaje como nunca antes se había hecho. Casi tan buena como ‘Casino Royale’ y reformulando sus propias directrices, ‘Skyfall’ es un notable (alto) thriller que te sacude y te deja clavado en el sitio, que solo su tercer acto impide que estemos ante un producto sobresaliente.

Cuando el Mi6 sufre un ataque a su base en Reino Unido, James Bond se verá sometido a un enemigo totalmente desconocido al que tendrá que detener para salvar al servicio de su destrucción, mientras su lealtad a M se verá puesta a prueba.

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El mal sabor de boca que dejó ‘Quantum of Solace’ fue demasiado grande. Todo el encanto del personaje había desaparecido y la relación entre el personaje y el creado por Fleming poco tenían que ver, y es por ello que esta nueva aventura debía ser un golpe sobre la mesa o terminaría condenando al fracaso y la extinción a uno de los mejores Bond que el cine nos había dado. En esta ocasión, la película nº 23 no solo se redime sino que entrega una de las mejores hazañas del personaje y en términos puramente cinematográficos, sin duda, el mejor. La entrada de Sam Mendes en la franquicia no podía haber sido más acertada, inyectando una madurez y profundidad que si bien no es extremadamente pronunciada, si que es un agradecido acercamiento a la psicología y las limitaciones de una figura icónica, entrando en un terreno hasta ahora inexplorado.

No es el James Bond que conocemos, siendo en ese aspecto mucho mejor el de Campbell, pero al contrario que el de Foster quien intentaba sin éxito convertirlo en un héroe de acción, aquí sí hay un buen desarrollo e introspección del personaje para transformarlo y aceptarlo entre nosotros. Más humano, más viejo y también, más cercano al héroe-espía estándar de la actualidad, Bond sufre, duda, piensa y se cuestiona, es un alma que bebe del Batman de Nolan y que coge sus mejores atributos y los integra en la saga, resultando un 007 mucho más interesante que una simple máquina de matar. Con su vuelta al estilo elegante y una buena revisión actualizada, el director británico traslada con solvencia un notable guion, con un buen desarrollo, una historia que se entiende y se sigue con interés, y sobre todo con una puesta en escena soberbia y una madurez técnica en la dirección que nunca antes se había atrevido afrontar la serie. No gustará en demasía a los puristas, ya que quizás le ha faltado un mayor equilibrio entre lo tradicional y lo novedoso (filosofía en la cual hace hincapié el film), pero es un estupendo thriller con un reformado Bond que supone un trabajo sólido y con unas fuertes bases.

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Por todo ello resulta una ligera decepción su clímax final, un buen tercer acto que no está a la altura y cambia de forma radical con el tono de la cinta, y ese “crescendo” a más que había ido construyendo todo el metraje subiendo la tensión y las emociones, no termina por explotar en sus potentes virtudes, desperdiciando y deconstruyendo un historia absorbente. Aun así, se las arregla para terminar siendo un memorable episodio en el que el relato se apoya en unos personajes fantásticamente (y medianamente) complejos, en el que cada actor saca lo mejor de su interpretación destacando, cómo no, al James Bond de Daniel Craig y a Judi Dench, y dejándonos tres nuevos personajes que cumplen con nota como Ralph Fiennes, Ben Wishaw y un estupendo villano interpretado por Javier Bardem, quien su excéntrica figura se aúpa como una fascinante personalidad y con algunas motivaciones más que conquistar el mundo. Todos ellos gozan del suficiente progreso en el relato para que formen una identidad propia e interesante, y regalando algunas sopresas para los fans más veteranos.

Dentro de su solida narración, hay una idea que es llevada a todos los niveles y capas de la película: lo tradicional y novedoso, lo viejo y lo nuevo, y lo antiguo y lo moderno. Personajes, historia, diálogos, melodías, ambientación,… todo ese concepto está integrado en cada uno de los elementos que componen el retrato más insondable de la cinta, un retrato que representa el paso inexorable del tiempo, de la búsqueda del equilibrio entre ambos contrapuntos y saber cuando parar o avanzar, cuando elegir algo o no. Y aunque es cierto que esa armonía de estabilidad no siempre consigue estar presente, es un agradable punto y aparte en la franquicia, que abre un puente para cruzar la línea y despegarse de anticuadas y obsoletas propiedades y quedarse simplemente con lo esencial, y hacer una renovación de las claves de la serie más longeva de la historia. Mendes invita a olvidarse de los restos que no sirve y otorgar un lavado de cara con el fin de llegar a la modernidad actual, algo que realiza en su trabajo y lográndolo con nota.

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Deja a un lado al pasado y sumérgete en el presente. ‘Skyfall’ es un muy buen capítulo de la franquicia, pero sobre todo es una redefinición de la saga, una adaptación moderna del mito para sobrevivir a las nuevas generaciones y volver a cautivar como lo ha hecho durante sus más de 60 años. Más oscura, más profunda y más intensa, James Bond renueva sus conceptos y los expande para entregarnos un thriller con estilo, nervio y brío en un entretenimiento sólido que se pasa en un abrir y cerrar de ojos. Ojalá este sea al fin el establecimiento total del 007 de Craig.

Crítica ‘Casino Royale’: buen film, excelente Bond

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Quedan solo dos meses para que James Bond vuelva a aterrizar en nuestras pantallas con su nueva aventura, Spectre. Es por ello que es un buen momento para echar la vista atrás y recordar (o descubrir) lo que han hecho de este 007 una figura renovada y aplaudida por la mayor parte del público. Un nueva serie de films que han llegado y se han integrado fenomenalmente en la longeva saga, empezando con un ‘Casino Royale’ donde un Daniel Craig se erige como uno de los mejores James Bond en el ámbito cinematográfico, rivalizando con la leyenda de Sean Connery.

La historia narra la primera misión de James Bond como agente 007, en la cual tendrá que desmantelar una operación terrorista dirigida por Le Chiffre (Mads Mikkelsen), un banquero que financia a los terroristas de todo el mundo. La larga misión lo llevara hasta el Casino Royale, lugar donde la victoria o la derrota dependerá de una partida de poker.

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Repasar la historia y la iconografía de un icono tan mítico sería una ardua tarea, pero lo cierto es que han sido solo unos pocos en el cine quienes han dado en el clavo para representar a una figura tan aclamada allá por los años 50, cuando el escritor y periodista Ian Fleming sacó de su imaginación al prototipo de hombre quien John Le Carré, no dudó de calificar literalmente como “el personaje que todo hombre quiere ser y que toda mujer quiere tener”. Y es que este espía británico levantó pasiones allí por donde pasaba, siendo incluso tema de estudio en muchos lugares (el efecto Bond) y creando toda una serie de productos, desde novelas y cómics hasta películas, que siempre han gozado de una buena popularidad. De esta manera, han ido desfilando por el celuloide hasta 7 actores diferentes representando al mayor agente que ha entregado la ficción hasta la fecha. Nombres como Sean Connery, Roger Moore o Pierce Brosnan han dejado su huella en una franquicia que hasta el 2006 contaba con 20 películas en su haber y que con ‘Casino Royale’ sumaba una más en su legado, dando comienzo a nuevas historias y colocando un nuevo rostro ante el público.

El elegido fue Daniel Craig, y solo bastó apenas unas horas para convencernos de que la decisión no solo fue acertada, sino que difícilmente podría haberse encontrado en el panorama actual alguien mejor. Porque aquella cinta de hace casi diez años tenía bastantes virtudes, e ignorarlas o no darle la importancia adecuada sería bastante injusto, pero si algo destacaba de todo el conjunto ese es precisamente, y por supuesto para nuestra alegría, el actor británico. El Bond de Craig no es una representación literal del que concibió Fleming, pero capta perfectamente el espíritu y muchas de las características que describió el escritor, en una fantástica interpretación de un actor que se muestra sólido y con pocas fisuras, inyectándole al personaje un bienvenido y refrescante aire. Rudo, frío, calculador, peligroso, seductor, egocéntrico y, como manda los cánones actuales de Hollywood (y que se lo perdonamos), con un corazón que siente y se emociona detrás de una coraza de hierro. Es un Bond fantástico, lleno de matices, actualizado y con las señas de identidad que lo auparon a lo más alto, siendo la estrella indiscutible de un film más que decente, notable inclusive y que no consigue más por ciertos detalles que lo alejan de un estatus más alto, pero que resulta un estimulante nuevo capítulo para asentar las bases de un 007 con mucho futuro.

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Si bien las mayores abalanzas van destinada al protagonista, no hay que olvidarse de que si el contexto no funciona sirve más bien poco tener a un gran personaje. Por suerte no es el caso, y aunque sí es cierto que no estamos ante ninguna maravilla de historia, sí podemos decir que los resultados son más que correctos. Martin Campbell, quien ya dirigió con oficio otras entregas de la franquicia, nos entrega aquí un thriller bastante convencional, sencillo y previsible pero que consigue desarrollar con acierto y eficacia. Es un relato que realmente no se siente como algo demasiado trascendental, pero que cumple perfectamente como carta de presentación de sus personajes y la mayor parte de las escenas van dirigidas a explorar las consecuencias de las mismas hacia nuestro protagonista, ya que el foco no está puesto en la historia en sí, sino en los personajes y su desarrollo. El problema deriva de una duración que se alarga en exceso, provocando algún que otro bajón y que lleguemos a los últimos 20-25 minutos con una cierta sensación de pesadez que termina por producir un ligero desinterés en la conclusión final, y que resulta una pena, ya que con un relato más condensado se hubiera logrado un trabajo mucho más solido del que finalmente ha sido. Aun así, la cinta entretiene en casi todo su metraje, y Campbell rueda con firmeza y brío algunas de las situaciones, manteniendo bien la tensión en los momentos requeridos y firmando unas decentes escenas de acción y notables persecuciones.

Y en todo este contexto aparecen unos secundarios que aportan y enriquecen a nuestro espía, cumpliendo con creces (algunos mejor y otros peor) y respaldando a un fantástico Daniel Craig. Así, la inclusión de una dulce y tremendamente seductora Eva Green supone uno de los mayores aciertos del film, insuflando un soplo romántico que le sienta muy bien a la cinta, y entregándonos a una “chica Bond” a la altura de las circunstancias; Mads Mikkelsen está bastante correcto como villano, aunque destacando más por su presencia que por el desarrollo del personaje, siendo uno de los puntos más mejorables; y completando el reparto nos encontramos con personalidades como Judi Dench, Jeffrey Wright o Caterina Murino, entre otros, que interpretan notablemente a sus personajes y nos ofrecen unos buenos soportes a la historia. La fotografía es buena, y el estilo visual que le impregna el neozelandés es vistoso y atractivo, que junto a la potente banda sonora cargan de personalidad y de mucho estilo (como no podía ser de otra manera) a la aventura.

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Finalmente, nos encontramos ante un nuevo capítulo de 007 francamente sólido. ‘Casino Royale’ es un notable thriller, una película digna de la franquicia, que es impulsada por un Daniel Craig excelente que nos regala a uno de los mejores James Bond vistos en la gran pantalla. Quizás la historia se quede un poco corta y que su excesiva duración evite que estemos ante un producto mejor, pero sus virtudes son más que suficientes para sostener un relato que se colará entre las mejores aventuras del agente secreto más famoso de todos los tiempos. James Bond ha vuelto, y Craig lo hace lo grande.

Crítica ‘Espías’: Agridulces sensaciones

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Paul Feig se une a la moda de la parodia. Después de que en los últimos años hayamos vistos unas cuantas películas que intentan revitalizar un género a base de imitaciones cómicas, como el del terror, los zombies o la comedia romántica, todavía faltaba una que explotara ese territorio tan seductor como el de los agentes secretos. ‘Espías’ viene a aportar su granito de arena con una comedia que si bien no es mala, deja unas sensaciones un poco contradictorias, intercalando algunas buenas carcajadas con otras de puro aburrimiento.

La historia sigue a la analista de la CIA, Susan Cooper (Melissa McCarthy), quien después de haber presenciado la desaparición de su compañero (Jude Law), se presenta como voluntaria de agente secreto para emprender una misión encubierta, en la que se tendrá que infiltrar en el mundo del tráfico de armas para salvar al mundo del desastre.

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No hay nada más subjetivo en el cine y consecuentemente con resultados más dispares que aquellos films centrados en dar miedo o en dar risa. Los motivos creo que son obvios, y es que si bien se puede analizar diferentes factores de forma medianamente objetivas, las sensaciones o sentimientos que se producen en el espectador son totalmente personales, siendo ajenos a los parámetros establecidos en el celuloide moderno. Es por ello que los productos que buscan una reacción en la persona, la opinión que se forme de la película, se ajusta más a un juicio personal que a un dictamen mayor valorable por el público. De esta manera, y con esta breve reflexión, nos encontramos con el nuevo trabajo de Paul Feig, un film que gana cuando se concentra en la autoparodia de sus elementos y que pierde cuando intenta aportar su propio toque de humor.

‘Spy’ es una obra que se divide entre el humor personal del estadounidense y el humor caricaturesco de todos los elementos del cine de espías, en una historia al más puro estilo de James Bond donde la trama es lo de menos y donde sus personajes llevan todo el peso del relato. Hay algunos gags que nos sacarán varias carcajadas, hay una historia bien desarrollada a pesar de su excesiva duración, y hay un reparto fantástico en el que cada uno de ellos tiene sus momentos de lucimiento. Y es en ese reparto donde hay que fijarse, en un trio (o cuarteto) que está estupendamente aunque en algunos casos los personajes y sus líneas de dialogo no acompañen tanto como debieran. Al igual que en sus dos anteriores trabajos, Feig vuelve a repetir con Melissa McCarthy, quien realiza un estupendo trabajo con su interpretación, pero junto con ella viene uno de los problemas (o virtudes) de la cinta y es que si no conectas con su humor se presentan serias dificultades para disfrutar el metraje. Porque el personaje de McCarthy es el refugio del humor ‘made in Feig’, y ese tono a caballo entre lo vulgar y lo simpático que impera en Susan Cooper, cae en un equilibrio que no termina de cuajar y que termina resultando una retahíla de verborrea que ni hace gracia ni provoca interés. Es una pena, ya que en las pocas veces que el guion termina por apostar por la grosería o por la simpatía, la cinta gana muchos enteros, pero son muchos los minutos en el que el parloteo incesante de la actriz ocupa todo el visionado, elevándose por sobre todos los demás ingredientes de una película que no termina por auparse en un estilo cómico, y se queda a medias en un producto que encantará solamente a quien le satisfaga las dos caras bromistas de la moneda.

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¿Es malo eso? Pues lo cierto es que no, va dirigida a un público en concreto y quien asista a su visionado siendo partidario del gusto del tándem Feig-McCarthy, encontrará sin duda una buena comedia y un muy buen pasarratos veraniego. Pero el resto tendra que contentarse con ver bastantes escenas anodinas, observar el talento de los actores, y disfrutar cuando el film se centra en la parodia. Y es que en esos momentos hay poca discusión, ya que las situaciones más brillantes del film vienen derivadas de dicha apuesta y si hay un responsable de que funcione en mayor medida esta vertiente, ese es sin duda Jason Statham, en un papel autoparódico brillante y tremendamente desternillante, que sacará las mayores carcajadas al espectador conozca o no la trayectoria del británico, aunque por supuesto se disfruta más teniendo conocimiento del mismo. Jude Law también hace un buen papel al igual que Rose ByrneAllison Janney, siendo Miranda Hart la única pieza que desentona con un personaje demasiado estúpido y bobalicón, que no le hace ningún favor al film.

La dirección es buena y las escenas de acción que se presentan están bien coreografiadas y rodadas, con un correcto uso del slow motion. La fotografía cumple decentemente, llevándonos de un lugar a otro del mundo con un estilo atractivo y coherente con la obra, al igual que una banda sonora que acompaña bien al metraje. La pega más notoria de la cinta es su excesiva duración que da lugar a que algunos tramos se hagan algo más pesados, en una historia simple pero medianamente bien desarrollada, aún siendo previsible y con unos giros que se ven venir desde lejos. Lo que sí hay que añadir es que ofrece una buena crítica al trato de la mujer y la apariencia, destacando a la figura de la primera y restandole valor a la importancia de la segunda, realizando una fuerte protesta sobre estos temas que resulta bastante curioso viniendo directamente de un producto de Hollywood.

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Finalmente, el nuevo trabajo de Paul Feig es una comedia que obtendrá admiradores y detractores a partes iguales. Si eres capaz de conectar con su tono cómico, ‘Espías’ supondrá una buena comedia, con un buen reparto liderado por una destacada Melissa McCarthy, y unos notables valores de producción. Si no es el caso, pues encontrarás una comedia un poco superficial y con algunos momentos carentes de interés, pero bueno… siempre nos quedará un disparatado y deslumbrante Statham.

Crítica ‘Código Fuente’: Intensa, rápida y tramposa

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Tras recibir los elogios y las alabanzas tanto de la crítica como del público en 2009 con su ópera prima ‘Moon’, Duncan Jones se embarcó en otro proyecto adentrándose una vez más en la ciencia ficción. Así en 2011 llegaba a nuestras pantallas ‘Código Fuente’, un film de viajes en el tiempo francamente decente, pero que podría haber sido más si el final hubiera ido a tono con el resto del metraje, ya que a pesar de dejar buen sabor de boca, el nuevo trabajo del director británico nos deja con sensaciones contradictorias.

‘Source Code’ nos narra la misión del capitán Colter Stevens (Jake Gyllenhaal), quien está participando en un experimento secreto del gobierno, que consiste en volver atrás en el tiempo para descubrir al responsable de un atentado terrorista en un tren. De esta forma, tendrá que repetir una y otra vez dicho momento, teniendo solo 8 minutos para averiguar la identidad del asesino y salvar a millones de personas de un segundo atentado.

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Los viajes en el tiempo siempre han sido un tema muy recurrente en el cine de la ciencia ficción, dejándonos algunos productos sobresalientes y otros no tanto, pero que por lo general siempre cumplen y mantienen un aceptable nivel de calidad. ‘Código Fuente’ se encuentra entre esos films más que decentes y recomendables, que te hacen pasar un buen rato y hay buenos valores de producción. Es por ello que resulta toda una pena que la película no aspire más, que su final se haya colado como quien se cuela en una fiesta en la que no tiene absolutamente nada que ver y que cambie de registro sin pedir perdón ni permiso. Duncan Jones trabaja, cuida y mima su trabajo, que sin ser algo totalmente original cumple con creces su cometido, pero llegada a la ultima media hora intenta trascender en el género y se queda, irremediablemente, corto y escasamente desarrollado.

Porque lo cierto es que estamos ante un thriller realmente disfrutable. Es directa, tiene ritmo y a pesar de beber descaradamente de ‘El día de la marmota’, juega bien con los elementos que tiene sobre el tablero, creando unas situaciones que son lo suficientemente diferentes para que siempre tenga nuestro interés y no aburra, algo que su duración de apenas hora y media contribuye a ello; además de unos personajes que interesan y una trama bastante atractiva. ‘Código Fuente’ estaba siendo todo lo buena que puede ser dentro de su limitado juego, pero es precisamente cuando intenta salirse de sus propias normas donde falla. Y falla porque el guion, que está realmente bien conseguido hasta el inevitable desenlace, nunca deja pistas de lo que pueda pasar, ninguna señal de hacia donde pueda dirigirse al film y mete de forma equivocada maniqueísmos que chocan totalmente con el tono de la película, y que son estas actitudes que lo conducen hacia un final que no se sostiene. Y no lo hace porque no se toma el tiempo suficiente para desarrollarlo ni explicarlo. El director sabe a donde quiere llegar, pero al contrario de lo que es la introducción y el nudo, no sabe como llegar a él y las prisas y la autoimposición de ser algo más de lo que realmente es, la terminan condenando. Se agradece que la cinta intente sorprender, pero una cosa es jugar con el público y ofrecerle un buen giro de tuerca, y otra es meter con calzador algo que no viene a cuento con algo totalmente sacado de la chistera.

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Pero como ya he dicho antes, una vez acabado el visionado deja sensaciones encontradas. ¿Por qué? Porque a pesar de todo lo expuesto y saber que los últimos minutos no tienen cabida en el film, el talento de Jones se hace palpable y consigue engañarnos lo suficiente para que nos creamos, aunque sea de forma inconsciente, su tramo final. Viene a ratificar el talento de un director que ya le vimos buenas cosas en Moon, y que aquí lo certifica consiguiendo salvar a la película de su fallido final, manteniendo y rescatando todo el buen hacer que había conseguido anteriormente. Porque a pesar de las críticas a su resolución, el film tiene bastantes virtudes. Entre ellas su logrado ritmo, su capacidad de mantener enganchado al espectador y su fuerte personalidad que le imprime el británico, gracias a un guion con algunos giros bien llevados, una narrativa fluida y unas situaciones bien construidas. A todo ello se le suma unos personajes definidos (al menos todo lo definido que pueden estar en circunstancias así) que están apoyados en unas actuaciones más que notables, destacando a Jake Gyllenhaal y Michelle Monaghan, que muestran una química palpable y bien conseguida. Junto a ellos se encuentra Vera Farmiga y Jeffrey Wright, que cumplen sobradamente así como el resto de personajes que tienen papeles mucho más pequeños, pero resueltos con solvencia.

Además el relato se permite hacer pequeñas reflexiones sobre la vida, la ética moral y las fuertes relaciones con nuestros vínculos más estrechos, que nunca se siente forzado ni molesto y está integrado con naturalidad. La dirección es realmente buena y la fotografía es resultona y convincente, mientras que la score aporta dinamismo y fuerza a la historia en un buen trabajo por parte de Chris Bacon. A pesar de tener un pequeño presupuesto y sin contar con grandes recursos, la cinta consigue aprovechar sus elementos e impone la narración a los efectos especiales, explotando su potencial acertadamente.

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¿Qué nos queda entonces? Un film decente, recomendable y muy entretenido que a pesar de su desenlace, Duncan Jones se las arregla para camuflarlo y dejarnos una historia de viajes en el tiempo (y algo más) que resulta un buen pasatiempo. ‘Código Fuente’ se queda un poco corto, pero sus virtudes son suficientes para convocar al espectador ante la pantalla y disfrutar de una historia que atrapa y engancha. Podría haber llegado más lejos pero el resultado termina convenciendo, y teniendo en cuenta el panorama actual es más de lo que podíamos esperar.