Crítica ‘La Cumbre Escarlata’: Elegancia inocua

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El síndrome de Tarantino, o dicho de otro modo, el gusto excesivo por sí mismo. De sobras es conocido el enorme talento de Guillermo Del Toro, por entre otras cosas, el fantástico diseño tanto artístico como visual del que hace gala en todas y cada una de sus películas. También es distintivo ese estilo a caballo entre lo fantástico y grotesco, un sello inconfundible, de autor y que lo destaca como uno de los directores con mayor personalidad dentro del gremio (ni que hablar entre los hablantes hispanos).

Su nuevo trabajo, ‘La Cumbre Escarlata’, no solo no olvida ninguna de dichas virtudes sino que las potencia hasta límites que solo el mexicano puede conseguir, y que la convierte en una protagonista más de este espectacular despliegue de talento, deslumbrante y artificial a partes iguales, en un intento de recuperar una narración y un tipo de historia que hace mucho que no se ve por el panorama cinematográfico actual. Sin embargo, toda esa espléndida recreación gótica-romántica (siempre y cuando hagamos caso omiso al horrible diseño de los fantasmas) no ha sido trasladada a un guion que no se encuentra nunca a la altura, ni de su director ni del resto de valores que posee la cinta.

A modo de cuento de casas encantadas y espectros varios, la narración clásica propuesta aquí nos lleva a través de una vacía, lujosa y elegante producción, donde la previsibilidad de una historia mil veces manida y muchísimo mejor contada, nos presenta a unos personajes esclavos de un libreto que maneja con una inesperada torpeza las figuras con las que juega. Porque a pesar de los esfuerzos del trío protagonista, siendo Jessica Chastain la única que consigue sobreponerse a la infructuosa palabrería , hay una clara falta de desarrollo y de bruscos cambios en las relaciones interpersonales, que se hacen notablemente marcadas cuando se encuentran con una trama a la que le sobran varias incoherencias.

Y no es que sea en sí mismo un problema (la mayoría de producciones actuales vienen bastante llenas de incoherencias), pero son tan grandes y hay tantos elementos que fallan respecto a todo aquello relacionado con el guion, que resulta difícil pasarlo por alto. Ello, no omite el moderado entretenimiento que ofrece, impulsado sobre todo por el ya mencionado diseño artístico y la buena dirección de Del Toro, que intenta con cierto éxito distraer a los ojos para desconectar el cerebro. Pena, por supuesto, que una película con todos estos valores falle justamente en lo que no puede fallar, en el guion, y más viniendo de un cineasta como el presente que apuesta la mayor parte de sus cartas a lo meramente visual.

‘La Cumbre Escarlata’ no es un fracaso absoluto, pero sí es una ligera decepción que no aprovecha la oportunidad para recuperar la magia de los cuentos clásicos de terror y devolverle el brillo de antaño. El mexicano se gusta y nos gusta, pero descuida aspectos que deberían ser el eje de la construcción y que se queda como el pilar más endeble de una mansión majestuosa, vacua e inconsistente. Esperemos que solo sea un bache en el camino, una desafortunada parada de fantasmas y promesas que no terminan de cumplirse. Unos pasos atrás para coger impulso.

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Crítica ‘Marte (The Martian)’: Evasión espacial

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Fue ‘Exodus’, con su despliegue majestuoso y la pesadez de su narración, la que nos empezaba indicar donde estaba la salida para un director con joyas tan laureadas que no hace falta ni mencionar, dado que el declive que estaba sufriendo Ridley Scott anunciaba una bajada sin retorno. Y sin embargo, como muchos antes hicieron, el cineasta ha sabido volver a escalar la montaña dejando a un lado las cuestiones morales, los relatos de epopeya y el origen xenomorfo. ‘The Martian’ triunfa porque su director de orquesta pone su talento al servicio de trabajos mejores, de creaciones y escritos de cabezas pensantes que saben construir de formas más eficaces historias y con un sentido del ritmo que había sido abandonado hace tiempo. Es la cara más automática y la que menos se recrea en florituras, y por ello su resultado es el mejor de cuantos productos ha rodado en los últimos años.

Es entonces hacia el libreto donde hay que poner las miras, pues el estupendo guion escrito por Drew Goddard y basada en la novela de Andy Weir, se aleja de los recursos dramáticos tan frecuentes en la ciencia ficción de hoy en día (aunque sin librarse de la redundancia en las explicaciones técnico-científicas) reduciendo dicho componente al mínimo, desterrando la oscuridad y entregando una visión luminosa y con una fuerte carga de ligereza. Y si bien el argumento de un astronauta que tras un accidente se queda abandonado en un planeta e intenta sobrevivir y escapar, da pie a explorar las profundidades del individuo y realzar la parte puramente trágica, aquí es obviado y usado convenientemente según en qué ocasión, detalle fácilmente pasable cuando la recompensa es la de un film sin dobles lecturas, con el entretenimiento y la aventura por bandera y la consecución positiva de sus logros, repartiéndose en la mayor parte del metraje. Dichos méritos vienen derivados por la pluma de Goddard, quien sabe de la posible monotonía de su punto de partida y acierta en la progresiva introducción de nuevos personajes que van desfilando a lo largo de la historia, detonando y originando situaciones que mantienen el interés y rellena los puntos muertos del relato. De dicha forma, la construcción de los personajes queda limitada a la exposición de lo que se cuenta, sin salirse de sus parámetros y enfocándose de lleno en la misión, aspecto que agiliza la narración y que gracias a su doble vía estructural (una en Marte, otra en la Tierra) nunca resulta cansino el viaje.

Y esa luminosidad y optimismo desbordante que comentábamos antes, encuentra su origen en sucesivas demostraciones de humor y ligereza en una aventura situada en un contexto dramático, pero con un contenido radicalmente diferente. El lado cómico funciona, a pesar de algún que otro exceso, y los personajes de una lógica cuanto menos incrédula si se hubieran ubicado en otro tipo de producto, otorgan credibilidad a sus acciones, donde la naturalidad y la diversión de un Matt Damon eficaz resalta en una producción de nombres importantes. Algunas pegas menores, relacionadas con cierto mensaje conciliador entre dos potencias mundiales que se inserta en la trama de manera forzada y algunos minutos de más, no obvian la potente evasión que ofrece ‘The Martian’, un relato de aventuras ligero, divertido y excepcionalmente realizado que vuelve a poner a su cabeza visible en la cima, si bien es justo determinar que el origen de los diferentes traspiés no se debe a su director, sino a una serie de guiones de dudosa simetría. Un claro ejemplo de lo que un buen libreto o no puede conseguir y una muestra palpable de lo innecesario que resulta a veces introducir tanta oscuridad y carga dramática en producciones que no se antojan vitales.

Crítica ‘Criadas y señoras’: De buenas y malas

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Las magníficas críticas de la prensa junto con un reparto de actrices de lo mas atractivo y un tema que siempre hace mover a las masas, hizo que ‘Criadas y Señoras’ (‘The Help’ en su versión original) fuera todo un éxito en Estados Unidos allá por 2011. Y la verdad es que motivos no le faltan. Sin duda fue el “sleeper” del año gracias a una película que, aunque imperfecta, conseguía llegar al corazón del público y emocionar.

La historia, basada en la novela de Kathryn Stockett, sucede en los años 60, época donde la desigualdad entre razas estaba a la orden del día. Skeeter (Emma Stone), una joven recién salida de la Universidad, decide entrevistar a las criadas de raza negra para que cuenten su punto de vista en una sociedad donde los negros servían a los blancos.

Partiendo de una premisa bastante manida, Tate Taylor se las arregla para formar un retrato conmovedor y tremendamente eficaz sobre las injusticias y los maltratos que sufrían las mujeres de color negro de la época, aunque nunca se atreve a pasar mas allá de la superficie. El guión no busca profundizar demasiado, simplemente relatar lo suficiente para que nos impliquemos en la causa y así, desarrollar otras partes de la historia y sobre todo, a los personajes. Porque esta es sobre todo una película de personas, y probablemente de no ser por un reparto de actrices formidables, el film no hubiera conseguido el mismo impacto.

Desde una Emma Stone que sorprende (hasta el momento su filmografía solo constaba de comedias), pasando por las curtidas Viola Davis y Olivia Spencer, y terminando con Jessica Chastain y Bruce Dallas Howard; todas y cada una de ellas cuajan unas interpretaciones magníficas, aportando lo que cada personaje necesita con el tono adecuado. Aunque es cierto que el film peca un poco de estereotipar a los personajes, siendo en su mayoría buenos o malos salvo alguna excepción, aspecto que quizás para algunos haga que reste al conjunto, pero que gracias a un casting excelente consigue camuflarlo. A través de las situaciones y de los protagonistas, Taylor va construyendo la historia y el contexto en una lograda ambientación de los años 60, que a lo largo de sus casi 2 horas y media consigue que el ritmo nunca decaiga y empaticemos con cada una de las mujeres. A pesar de ser un conjunto excelente de actrices, hay que destacar sobre todo las interpretaciones de Viola Davis, Olivia Spencer y Jessica Chastain, que bordan y se adueñan de sus papeles de forma brillante.

Ademas, el film no solo focaliza su atencion en el racismo y la diferencias raciales, si no que va mas allá y termina englobando a la mujer de la época, ya que si bien las más (y los más) desfavorecidas eran las mujeres negras, el perfil femenino en general se veía ensombrecido por el del hombre. En esto hace también hincapié la película, mostrándonos las diferencias en el trabajo, la manera de pensar y actuar encorsetada que debía presentar la mujer ante el genero masculino y el arquetipo de ama de casa. Todo ello esta tratado de una manera, que aunque no es muy sutil, sí es eficaz y contundente, que le da empaque a la obra y consigue un trasfondo más rico, aunque nuevamente sin profundizar en exceso.

En definitiva, nos encontramos con un drama ligero, con algunos tintes cómicos y una recreación de la época excelente, desde el decorado hasta las vestimentas. La dirección de Taylor es correcta y juega su mejor baza en la complicidad del espectador. Busca emocionar y lo consigue, y a pesar de que el tema podría haber dado mas de si y haber realizado una crítica con más dureza del conflicto social, logra un film notable que lo eleva un maravilloso elenco de actrices. Una película de personajes, emotiva y tremendamente entretenida.