Crítica ‘Joy’: Estrella de la publicidad

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Joy se siente atrapada. Vive con su madre, sus hijos y su exmarido, a los que se le suma la presencia de su padre. Desde niña su gran sueño ha sido la creación, construir. No importa tanto el qué o el cómo, sino aprovechar su don, ya sea para un edificio, una mesa o un simple bolígrafo, pero su situación familiar y económica siempre ha sido un obstáculo y las cuatro paredes de su casa son una prisión para su talento, encerrada por un contexto que no puede manejar.

Sin embargo Jennifer Lawrence no tiene tantos problemas. Las restricciones y limitaciones impuestas no resultan un impedimento para ella. Las cuatro paredes de David O. Russell, llena de constantes cambios de tono y dibujada con pinturas de una calidad cuestionable que van deshaciéndose tanto en el muro como en nuestra memoria, ofrece simplemente otro escenario para que la actriz vuelva a explotar su talento en otra gran actuación. La casa del cineasta, un nuevo trabajo que vuelve a unir a Lawrence y Russell por tercera vez (una colaboración beneficiosa, la primera para lucirse y el segundo para usar a la primera como salvavidas), es agradable a la vista y al oído, no molesta y es ligera. Como un anuncio de teletienda, y como bien señala el personaje de Bradley Cooper, no influye en demasía la cara bonita, ni el maquillaje, ni las luces al vender tu producto, sino lo qué haces con las manos, la forma de mostrar el objeto deseado a la audiencia. Por suerte para ‘Joy’, su estrella televisiva luce bien de cara a la galería y también sabe qué hacer con el material, pues ella es quien lleva el peso de un relato sobre un éxito tan cotidiano como extravagante.

Pero lo cierto es que los demás elementos de este pequeño circo, que va dando tumbos entre la parodia, el drama y la teatralidad, son acertados en su individualidad, aunque no así en la torpeza narrativa de un guion que no sabe qué teclas apretar. Un aspecto que afecta a un desarrollo que avanza a saltos y trompicones, sin mucha claridad, y que deja a una Jennifer Lawrence sola ante las cámaras, dejándonos su actuación más sutil en toda su carrera y siendo, obviamente, el anuncio más destacado de este entretenido, aunque vacuo producto.

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Crítica ‘American Ultra’: Explosiva y fallida mezcla

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Durante los últimos años han ido proliferando varios exponentes en cuanto a lo que se refiere a la parodia de los distintos géneros, siendo principalmente este 2015 el de los agentes secretos el que más ha sido explotado, con películas como la aceptable ‘Espías’ de Paul Feig, o la notable ‘Kingsman: Servicio Secreto’, siendo sin duda esta última la más lucida de todas ellas. Ahora, el director Nima Nourizadeh, quien debutó hace tres años con ‘Proyect X’, viene a aportar su contribución dentro de este juego combinando la locura, el aire juvenil y, por supuesto, las misiones encubiertas en una receta con buenos ingredientes pero con un resultado irregular, que termina por ser un producto descafeinado y sin demasiadas cosas a destacar.

‘American Ultra’ cuenta la historia de Mike Howell (Jesse Eisenberg), quien vive junto a su novia Phoebe (Kristen Stewart) en una ciudad monótona y aburrida. Pero todo cambiará cuando una operación secreta del gobierno se ponga en marcha, momento en que la vida de Mike dará un giro radical y su supervivencia sea el único objetivo.

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Que Hollywood tiene desde hace largo tiempo un gran problema con la escasez de ideas no es ninguna novedad a poco que te guste el cine, y es que no es raro ver cantidad de remakes, secuelas y adaptaciones de todo tipo de diferentes fuentes de creatividad que asaltan la cartelera meses tras meses. A ello, y como ya se ha comentado en otras ocasiones, se ha sumado la moda de parodiar todo lo que se ponga por delante, intentando ser innovador y ofrecer algo medianamente original con los mismos elementos de siempre, pero dándole algunas vueltas de tuercas. En este escenario, nos hemos encontrado con propuestas que por lo general nos han dejado con buen sabor de boca, o al menos con la satisfacción de que las cosas se han hecho correctamente. Por desgracia ‘American Ultra’ no consigue entrar en esta categoría, y es que si bien hay que aclarar que no es ni mucho menos un desastre, sí que resulta ser un experimento fallido que no termina de cuajar, siendo demasiado irregular tanto en el tono como en el guion y con un regusto final insatisfactorio.

Porque lo cierto es que el film del director británico funciona medianamente bien a algunos niveles, mientras que en otros no termina de dar la talla en un libreto que es el principal problema, y que no combina ni juega bien con las diferentes piezas del tablero que tiene a su disposición. Es un refrito cargado, voluminoso y con poco sentido común en una trama que no se sostiene en la narración, y no es así porque el film nunca termina de apostar por el desfase de su material, imprimiendo en él un tono serio que no encaja con lo que vemos en la pantalla. Tanto el humor como la acción están acertados (a veces más, a veces menos), pero siempre desde una perspectiva individual y no colectiva, moviéndose bien como un ente propio y fallando en la integración de la cinta. No hay una apuesta clara por el tono y eso termina pasando factura a un trabajo que empieza fuerte y que se va desinflando con el pasar de los minutos, en parte gracias a una estructura algo caótica y a una separación muy clara y definida de sus distintas partes, sin cohesión ni razón entre ellas. Todo ello tiene daños colaterales, repercutiendo en que su metraje que no es excesivamente largo, resulte finalmente algo pesado y carente de interés en su tramo final, en un cóctel lleno de buenas ideas pero con una ejecución que dista mucho de ser la mejor.

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Aún así, hay algunos componentes que salvan al “experimento” de la quema y que merecen ser destacados. La labor en la dirección de Nourizadeh es francamente buena, especialmente en las escenas de acción que recuerdan a las películas de serie B de los años 80, con grandes cantidades de sangre e insuflando un aire nostálgico y muy de novela gráfica que le sienta muy bien al conjunto. En cuanto al reparto, tanto Kristen Stewart como Jesse Eisenberg, que a pesar de haber tenido actuaciones más brillantes, consiguen dotar de solidez a sus personajes así como de cierta vulnerabilidad en sus intenciones, siendo el principal reclamo de la historia y probablemente lo mejor de ella. Además, trata temas con bastante eficacia sobre las identidades, el destino y las relaciones que a nivel dramático encajan correctamente, dotando algo más de trasfondo y de profundidad al asunto. Es una pena que todas estas virtudes no hayan sido aprovechadas para crear un desorden con un hilo narrativo fluido y que apostase más por la parodia en todas sus facetas, quedándose a medio camino en un batiburrillo juvenil insatisfactorio.

En definitiva, nos encontramos con una obra que pasará sin pena y sin gloria. ‘American Ultra’ es una balanza que no encuentra ni el equilibrio ni las formas, en un film tremendamente irregular que no deja clara sus intenciones y que desaprovecha algunas buenas ideas con un guion confuso y con poco atino para unir todos sus elementos. No es una catástrofe, e incluso en algunos tramos resulta bastante entretenida, pero es irremediablemente un producto desechable que no consigue equipararse a sus últimos exponentes.

Crítica ‘Espías’: Agridulces sensaciones

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Paul Feig se une a la moda de la parodia. Después de que en los últimos años hayamos vistos unas cuantas películas que intentan revitalizar un género a base de imitaciones cómicas, como el del terror, los zombies o la comedia romántica, todavía faltaba una que explotara ese territorio tan seductor como el de los agentes secretos. ‘Espías’ viene a aportar su granito de arena con una comedia que si bien no es mala, deja unas sensaciones un poco contradictorias, intercalando algunas buenas carcajadas con otras de puro aburrimiento.

La historia sigue a la analista de la CIA, Susan Cooper (Melissa McCarthy), quien después de haber presenciado la desaparición de su compañero (Jude Law), se presenta como voluntaria de agente secreto para emprender una misión encubierta, en la que se tendrá que infiltrar en el mundo del tráfico de armas para salvar al mundo del desastre.

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No hay nada más subjetivo en el cine y consecuentemente con resultados más dispares que aquellos films centrados en dar miedo o en dar risa. Los motivos creo que son obvios, y es que si bien se puede analizar diferentes factores de forma medianamente objetivas, las sensaciones o sentimientos que se producen en el espectador son totalmente personales, siendo ajenos a los parámetros establecidos en el celuloide moderno. Es por ello que los productos que buscan una reacción en la persona, la opinión que se forme de la película, se ajusta más a un juicio personal que a un dictamen mayor valorable por el público. De esta manera, y con esta breve reflexión, nos encontramos con el nuevo trabajo de Paul Feig, un film que gana cuando se concentra en la autoparodia de sus elementos y que pierde cuando intenta aportar su propio toque de humor.

‘Spy’ es una obra que se divide entre el humor personal del estadounidense y el humor caricaturesco de todos los elementos del cine de espías, en una historia al más puro estilo de James Bond donde la trama es lo de menos y donde sus personajes llevan todo el peso del relato. Hay algunos gags que nos sacarán varias carcajadas, hay una historia bien desarrollada a pesar de su excesiva duración, y hay un reparto fantástico en el que cada uno de ellos tiene sus momentos de lucimiento. Y es en ese reparto donde hay que fijarse, en un trio (o cuarteto) que está estupendamente aunque en algunos casos los personajes y sus líneas de dialogo no acompañen tanto como debieran. Al igual que en sus dos anteriores trabajos, Feig vuelve a repetir con Melissa McCarthy, quien realiza un estupendo trabajo con su interpretación, pero junto con ella viene uno de los problemas (o virtudes) de la cinta y es que si no conectas con su humor se presentan serias dificultades para disfrutar el metraje. Porque el personaje de McCarthy es el refugio del humor ‘made in Feig’, y ese tono a caballo entre lo vulgar y lo simpático que impera en Susan Cooper, cae en un equilibrio que no termina de cuajar y que termina resultando una retahíla de verborrea que ni hace gracia ni provoca interés. Es una pena, ya que en las pocas veces que el guion termina por apostar por la grosería o por la simpatía, la cinta gana muchos enteros, pero son muchos los minutos en el que el parloteo incesante de la actriz ocupa todo el visionado, elevándose por sobre todos los demás ingredientes de una película que no termina por auparse en un estilo cómico, y se queda a medias en un producto que encantará solamente a quien le satisfaga las dos caras bromistas de la moneda.

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¿Es malo eso? Pues lo cierto es que no, va dirigida a un público en concreto y quien asista a su visionado siendo partidario del gusto del tándem Feig-McCarthy, encontrará sin duda una buena comedia y un muy buen pasarratos veraniego. Pero el resto tendra que contentarse con ver bastantes escenas anodinas, observar el talento de los actores, y disfrutar cuando el film se centra en la parodia. Y es que en esos momentos hay poca discusión, ya que las situaciones más brillantes del film vienen derivadas de dicha apuesta y si hay un responsable de que funcione en mayor medida esta vertiente, ese es sin duda Jason Statham, en un papel autoparódico brillante y tremendamente desternillante, que sacará las mayores carcajadas al espectador conozca o no la trayectoria del británico, aunque por supuesto se disfruta más teniendo conocimiento del mismo. Jude Law también hace un buen papel al igual que Rose ByrneAllison Janney, siendo Miranda Hart la única pieza que desentona con un personaje demasiado estúpido y bobalicón, que no le hace ningún favor al film.

La dirección es buena y las escenas de acción que se presentan están bien coreografiadas y rodadas, con un correcto uso del slow motion. La fotografía cumple decentemente, llevándonos de un lugar a otro del mundo con un estilo atractivo y coherente con la obra, al igual que una banda sonora que acompaña bien al metraje. La pega más notoria de la cinta es su excesiva duración que da lugar a que algunos tramos se hagan algo más pesados, en una historia simple pero medianamente bien desarrollada, aún siendo previsible y con unos giros que se ven venir desde lejos. Lo que sí hay que añadir es que ofrece una buena crítica al trato de la mujer y la apariencia, destacando a la figura de la primera y restandole valor a la importancia de la segunda, realizando una fuerte protesta sobre estos temas que resulta bastante curioso viniendo directamente de un producto de Hollywood.

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Finalmente, el nuevo trabajo de Paul Feig es una comedia que obtendrá admiradores y detractores a partes iguales. Si eres capaz de conectar con su tono cómico, ‘Espías’ supondrá una buena comedia, con un buen reparto liderado por una destacada Melissa McCarthy, y unos notables valores de producción. Si no es el caso, pues encontrarás una comedia un poco superficial y con algunos momentos carentes de interés, pero bueno… siempre nos quedará un disparatado y deslumbrante Statham.

Crítica ‘Crazy, Stupid, Love’: Agradable y simpática comedia

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Tras haber creado su ópera prima ‘Phillip Morris, ¡te quiero!’, Glenn Ficarra y John Requa, quienes se conocieron en el mismo instituto de cine y que este año han saltado a la actualidad por su ‘Focus’, siguen ahondando en la comedia y esta vez haciéndolo en la variante mas común que no es otro que el de la comedia romántica. ‘Crazy, Stupid, Love’ puede parecer una película del género más, y en esencia podríamos decir que lo es, pero dejarla pasar sin más por su condición tan usual sería un tremendo error porque el nuevo film de estos directores es uno de los más estimulantes del 2011.

La historia empieza con Cal Weaver (Steve Carell), un hombre de cuarenta años, con unos hijos estupendos y una vida de lo más tranquila. Pero todo se viene abajo cuando su mujer (Julianne Moore) le confiesa que se ha acostado con otra persona y le pide el divorcio después de 25 años de matrimonio.

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‘Crazy Stupid Love’ tiene prácticamente la misma premisa que el 70% de las producciones que salen cada año sobre el género, con algunas variaciones por aquí y otras por allá, pero básicamente lo mismo. Y es por eso que hay que recalcar que no estamos ante “otra más” porque detrás de su aparente ligereza, la cinta tiene un corazón tan grande como la vida misma y es impulsada a otros niveles por sus honestas pretensiones. Ficarra y Requa no reinventan nada pero cogen los tópicos y los distribuyen con acierto, creando una historia de relaciones cruzadas francamente bien construida, con algún chispazo de ingenio y con los pies en el suelo. Lo mejor que se puede decir de ‘Loco y estúpido amor’ es que por fin tenemos una comedia que se toma en serio el tema y no se aprovecha del sentimiento más humano para crear situaciones delirantes, sino que lo enaltece y lo glorifica, otorgando el protagonismo absoluto (y convirtiéndolo en hilo conductor) al amor.

Sin duda alguna, uno de los mejores aspectos y donde mejores resultados consigue el film, es el de examinar las relaciones amorosas en diferentes edades. Porque la cinta explora, analiza y representa de forma tremendamente acertada la relación de una pareja a los 40, a los 30 y en la infancia-adolescencia, dando lugar a un magnifico retrato donde las consecuencias, las inquietudes y los sentimientos de cada uno de los personajes toman el control y se apoderan de sus decisiones. La inocencia del niño, las aspiraciones mayores del adolescente, las intenciones sexuales de la entrada a la adultez y la necesidad de mantener y reinventarse para que siga fluyendo el amor en una relación matrimonial están trasladadas a la pantalla de manera excepcional, con una mirada fiel, íntima y realista de las situaciones que captan perfectamente los directores. Aquí los personajes son el centro y eje del film, distintos relatos bien ensamblados que al final terminan unificándose en uno solo, en una historia bien hilada, construida y con sentido del ritmo.

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Y es que por sobre todas las cosas, estamos ante un film simpático, agradable y ligero de ver. No es una película de grandes carcajadas, que las tiene, es una película que te mantiene durante todo su metraje con una sonrisa en la boca, con una narración ágil y una alegría y naturalidad que te desborda y no puedes hacer más que contagiarte de su milagrosa jovialidad. Es divertida en su humildad, en sus honestas pretensiones y en su tono colorido y sutil, que se quedará en tu memoria por el buen sabor que deja una vez terminado el visionado. Y gran parte de su poder reside en unos personajes fantásticamente definidos y en su carismática presencia, que logran conectar con el espectador y tocar la fibra sensible. Es precisamente ahí donde esta totalmente justificado su atractivo y sólido reparto, desde un Steve Carell y Juliane Moore, que forman una pareja realmente creíble, pasando por la estupenda Emma Stone y Ryan Gosling, que conectan y forman una química francamente sorprendente, hasta Analeigh Tipton y Jonah Bobo, quienes representan perfectamente los ideales amorosos de la adolescencia y la infancia, respectivamente. Además a ellos se les une algunos nombres como Kevin Bacon, Marisa Tomei y Carrol Lynch que cumplen con solvencia en sus papeles secundarios y aportan unas bienvenidas variantes al relato que detonan las situaciones más cómicas de la película. Es todo un reparto coral que se divierte y muestran química entre todos sus integrantes.

Ademas, el film hace algunas interesantes reflexiones sobre la persona en sí: el ser uno mismo, encontrar al alma gemela a través de nuestro propio “yo” e incluso un ligero retrato de la sociedad actual a través de la conducta de las personas, en una búsqueda desesperada de encontrar placer en el físico y no en el alma. Son cuestiones ya muy trilladas pero que no por ello deja de estar bien integrada en el conjunto, proporcionándole empaque a la obra y algo más de profundidad. La dirección es más que correcta, la fotografía es buena y el estilo visual va acorde con el tono del relato en una mezcla de sencillez y viveza. Una línea que también sigue la banda sonora, cumpliendo sobradamente dentro los parámetros necesarios.

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En definitiva, nos encontramos ante un film francamente entretenido y sencillo. ‘Crazy, Stupid, Love’ es un canto al amor, una ligera y agradable comedia con buenas interpretaciones y una historia que, a través de sus personajes, construyen un bonito retrato sobre las relaciones en las diferentes edades. Es honesta en sus pretensiones, humilde en su composición y divertida en su conjunto. Glenn Ficarra y John Requa realizan su mejor trabajo hasta la fecha, un film que dentro de su atractivo envoltorio esconde un pequeño corazón que late con fuerza. No es un producto redondo, pero sí muy recomendable.

Crítica ‘Aloha’: Irregular y desaprovechada comedia

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Cameron Crowe lo tenía todo a su disposición: buenos y conocidos actores, una localización tan exótica como Hawai y un punto de partida, que aunque ya mil veces manido, daba lugar a crear situaciones comprometidas que sacaran las sonrisas al espectador. Es por todo ello que el nuevo film del director estadounidense resulta una decepción, porque ‘Aloha’ es un producto irregular, con un guion lleno de incoherencias y un desaprovechamiento enorme de todos los elementos que tenía para, al menos, crear una comedia decente.

La historia sigue al contratista y ex-soldado Brian Gilcrest (Bradley Cooper), que viaja hacia Hawai para supervisar el lanzamiento de un satélite. Allí se volverá a encontrar con el antiguo amor de su vida Tracy Woodside (Rachel McAdams), mientras va conociendo a su capitana y guía por la isla, Allison Ng (Emma Stone), de quien empezará a enamorarse.

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‘Aloha’ podría haberse convertido fácilmente en una de esas raras comedias que dejan un buen sabor de boca en el espectador, como ‘Crazy, Stupid, Love’ en 2011, pero Cameron falla en lo más importante, en el guion. El film es todo un conjunto de piezas que nunca terminan de encajar unas con otras, reúne diferentes temas como el romanticismo, la comedia y el drama (e incluso una critica política), sin encontrar la manera adecuada para combinarlas. No consigue unificar todo esos elementos en un mismo tono, y en vez de conseguir una narrativa fluida, la historia va avanzando a trompicones, cambiando de estilo según vaya dictando el guion. Hay algunas situaciones que están correctamente construidas, sobre todo en el tramo central del metraje, donde se aprecia una interacción mas natural y una comunicación entre los personajes mas íntima y personal; pero como suele pasar durante todo el film, Crowe se vuelve a desviar hacia otros temas que no encajan en la mecánica del relato y desperdicia el buen hacer de esos minutos.

Es un sinsentido de situaciones y diálogos con unos personajes poco definidos, con algunas lineas que rozan lo ridículo y lo incoherente, y una historia demasiada auto-complaciente que espera, erróneamente, que la salven sus actores protagonistas. Actores, que dicho sea de paso, hacen lo que pueden y en el caso de Bradley Cooper y Rachel McAdams, consiguen salvar a sus personajes de manera más o menos eficiente. Pero la que sale menos beneficiada es el personaje de Emma Stone, que se lleva sin duda el peor tratamiento de un fallido guion con las frases más vergonzosas de la película, y que ni siquiera la actriz consigue salvarlo a pesar de sus evidentes esfuerzos, solo logrando en ciertas situaciones explotar su talento. Tampoco Bill Murray, que aparece como secundario, consigue sobreponerse a un personaje que poco o nada ayuda al film y que, claramente, podrían haberse ahorrado. Es todo un conjunto de personajes que toman decisiones que van contra la lógica y el sentido común, y que lo único positivo que se pueden sacar de ello es gracias a los actores que los interpreta, que sí consiguen enamorarnos con sus miradas y su talento.

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La dirección no es mala, aunque a veces al igual que su guion, se desvían a técnicas que rompen con la tónica de la cinta; y la fotografía, a pesar de ser una de las mejores cosas del conjunto, también podría haberse explotado más, ya que las impresionantes estampas de la islas hawianas es un marco perfecto para una película de este género y así, haber conseguido un estilo más colorista del que finalmente termina siendo. Algunos temas, como la crítica hacia el ejercito estadounidense y su política no termina de estar clara, siendo incoherente y con una resolución floja y tomada muy a la ligera, que no termina de apostar por una forma de abordar el asunto. Mentiría si dijera que el film no es medianamente entretenido, pero sus formas tan chapuceras y su contenido tan mal desarrollado condenan a una comedia que resulta demasiada ingenua.

‘Aloha’ es un trabajo irregular, sin un tono definido y una serie de elementos totalmente desaprovechados y mal combinados. No tiene un rumbo a seguir, sus personajes están desdibujados y ni siquiera los actores consiguen salvar un guion que se hunde por sí solo. No es un desastre absoluto, ya que en lineas generales podríamos decir que es algo entretenida, pero son muy escasos los momentos que hagan recomendable un visionado que, mas allá de su atractivo reparto, es irremediablemente olvidable.

Crítica ‘Rumores y mentiras’: A medias con Emma Stone

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Tras el éxito de ‘Zombieland’ en 2009, Emma Stone se embarcó en otro proyecto siguiendo los derroteros de la comedia, con la diferencia de que por primera vez en su corta carrera se convertía en la absoluta protagonista del film (lo mas cercano fue Paper Man, que co-protagonizaba con Jeff Daniels). ‘Rumores y mentiras’, dirigida por el principiante Will Gluck, supone una vuelta aceptable y algo tibia al estilo de los años 80, una comedia que supone un vehículo de lucimiento para su protagonista.

El film nos narra la historia de Olive (Emma Stone), una joven que tras unas cuantas mentiras, empieza a verse envuelta en una serie de rumores difundidos por ella misma sobre sus relaciones sexuales, y que debido a ello, su popularidad va aumentando en el instituto.

Con claras influencias de las obras de John Hughes, ‘Easy A’ (su nombre en versión original) es una comedia juvenil con aires a los años 80, que podríamos resumir en un constante “quiero y no puedo”. Y es asi porque hay algunos momentos muy logrados que nos harán sacar alguna carcajada, pero por lo general, el film peca de cierta blandura y de algunos altibajos. Le falta chispa y algo de garra en algunos situaciones, que si bien están aceptablemente construidas, en el conjunto le falta fuerza para explotar su lado mas cómico. ¿El problema de ello? Pues en buena parte se debe a un guion que le falta algo mas de “sal” y a algunos personajes que no aportan tanto a la historia como deberían, y que aun así ocupan demasiado tiempo en la pantalla; además de un conjunto de secundarios que si bien esta correctos, salvo alguna excepción, no se encuentra a la altura de su protagonista, una Emma Stone que saca su vis cómica como no la habíamos visto antes.

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Sobre ella gira todo el film, y la señorita Stone mantiene el tipo y levanta una película que, de otra manera, hubiera quedado irremediablemente en las mediocridades de la comedia que nos asaltan años tras años. Pero gracias a su actuación, el metraje va hacia delante con la suficiente fuerza para mantener el interés en el espectador. La sutileza y la naturalidad de la que hace gala la actriz es encomiable, una espontaneidad que le saca partido su enorme expresividad facial, con una viveza en su mirada que pocas actrices de hoy en día pueden presumir. Es sobre ella, por supuesto, donde se construyen las mejores escenas de la película.

Y junto a la actriz, nos encontramos con un elenco de secundarios que navega en la irregularidad. Entre lo más positivo, nos encontramos con los padres de Olive, una pareja formada por Stanley Tucci y Patricia Clarkson que no solo cumplen con su cometido, si no que aportan al film un escape de tanta verborrea juvenil y oxigenan el metraje con un tono inocente y divertido, que sin duda se agradece. Correctos sin mas, se encuentran tambien Thomas Harden, Lisa Krudow y Alyson Michalka, que apoyan al relato y se sustentan en unos papeles que sirve de apoyo al lucimiento de la protagonista. Y en el lado negativo nos encontramos con una Amanda Bynes sobreactuada, en un personaje demasiado bobalicón que no le hace ningún favor al film y que impregna demasiado tiempo la obra de tonterías y palabrería que, en su mayor parte, no lleva a ningún lado.

La historia es una versión en clave y modernizada de ‘La Letra Escarlata’, una revisión que surge efecto en un instituto, donde Olive y sus mentiras son Hester y sus pecados. Hay cierta ironía en el relato que le va muy bien a la cinta, y ciertas bromas en relación a la película de Demi Moore y a los films del fallecido John Hughes, que les hará sacar una sonrisa a los más nostálgicos. Además, critica el tema de la popularidad y la masiva presión social a la que se someten miles de jóvenes por integrarse en la sociedad, de una manera ligera pero acertada, y reivindica el orgullo de ser uno mismo y no dejarse influenciar por los demás. Por último, la dirección de Gluck es correcta y la banda sonora cumple con su función, acompañando a las escenas con melodías suaves y ligeras, acorde al tono de la película.

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Estamos pues, ante un producto que no trasciende el género y que presenta algunos altibajos, pero aún con todo eso, se las arregla para ser un film aceptable y un entretenimiento ligero, gracias en gran parte a una Emma Stone que presenta un don innato para la comedia. Una actuación que logra poner las miras de Hollywood en una joven actriz con un futuro de lo mas prometedor y que, al igual que su personaje, consigue subir un poquito mas su popularidad.

Crítica ‘Bienvenidos a Zombieland’: Alocada y sangrienta diversión

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Un poco de zombies, otro poquito de comedia, unos cuantos tópicos y un puntito de gamberrismo. Ruben Fleischer sorprendía a propios y extraños en 2009 con una opera prima fantástica, en una época donde el genero de “los no muertos” volvía a estar en alza y donde las comedias pasaban por un mal bache. ‘Bienvenidos a Zombieland’ devuelve el orgullo al género, y nos hace tener fe en que una buena película de zombies es, aún en estos tiempos, posible.

El mundo ha sufrido un devastador virus, las calles llenas de vida han sido reemplazadas por gente que come a otra personas. Los zombies se han adueñado del planeta y los pocos supervivientes se van desplazando de un lugar a otro para sobrevivir. Uno de ellos es Columbus (Jesse Eisenberg), un joven que se ha quedado solo y sin rumbo, pero que consigue sobrevivir a unas reglas básicas que el mismo ha ideado.

De esta manera empieza el film, con un prologo brillante y rebosante de originalidad que mete al espectador de lleno en la película. Estamos claramente ante una “road movie” (film que sucede a través de un viaje), donde nuestros personajes se irán enfrentando a los diversos problemas que se les va presentando. Fleischer combina acertadamente una mescolanza de géneros (desde la comedia y el terror hasta la acción y el romanticismo) en un explosivo cóctel. Lo mejor que se puede decir de Zombieland es, sin duda, que es divertida; puede parecer extraño decir esto ante una película que apuesta claramente por la comedia, pero allí donde muchos han intentado sacar unas risas al espectador sin éxito, el debutante Fleischer triunfa con solvencia. Y lo hace gracias a algunos aspectos que desarrolla fantásticamente, entre ellos, un guion agudo e ingenioso, que coge los tópicos del genero zombie y los expone con gracia sirviéndose de la autoparodia. Los diálogos son buenos, se percibe una evolución en los personajes y los dota de carisma y de sentido.

Precisamente los personajes son la otra gran baza del film. Columbus (Jesse Eisenberg), Tallahassse (Woody Harrelson), Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin) son la piedra angular del proyecto, formando un variopinto grupo donde cada uno de los actores cumplen perfectamente con su cometido, destacando a un Woody Harrelson que está en su salsa, llenando de carisma y locura a un personaje desternillante. Y es que cada uno por separado tiene su propia personalidad bien definida, y es en la interacción del grupo donde van surgiendo las risas y las escenas mas logradas. Un hombre en busca de un Twinkie, un joven repleto de inquietudes y dos hermanas que harán lo posible para sobrevivir. Toda una mezcla de personalidades que el guion sabe aprovechar y explotar correctamente.

Como ya he mencionado antes, el film toca varios frentes y cada uno de ellos funciona tanto por separado como en conjunto. La situaciones cómicas están muy logradas, sobre todo en los personajes de Woody Harrelson y Jesse Eisenberg, que aportan un toque de gamberrismo que le sienta fenomenal al film; la acción es sangrienta y alocada, destacando especialmente un clímax fantástico, donde la sangre y la inspirada dirección de Fleischer lo convierte en toda una montaña rusa de vísceras y balas; el terror esta ligeramente presente, pero consigue algunos sobresaltos muy conseguidos; y los pequeños momentos donde el romanticismo y el drama hacen actos de presencia, funcionan.

¿Es perfecta ‘Bienvenidos a Zombieland? No, y es que si bien su hora y media pasa volando, si es cierto que tiene algún que otro altibajo encaminándose hacia su hora de metraje. A pesar de ello, el film siempre mantiene nuestro interés y consigue entretenernos en todo su viaje. Ademas, resulta difícil tenerle en cuenta ese pequeño bajón, cuando en las siguientes escenas contemplamos uno de los mejores cameos del siglo XXI. Por supuesto, no diré quien es dicho actor, ya que si no lo sabéis, mejor que lo descubráis vosotros mismo en uno de los mejores momentos de la película. Un autoparodia desternillante con una resolución a la altura.

La BSO acompaña bien los sucesos del film, sobre todo con un repertorio de distintas canciones elegidas de manera acertadísimas, que realzan el tono cómico de muchas de las escenas que van sucediendo.

En definitiva, nos encontramos con una buena comedia y una buena pelicula de zombies, que cualquier amante de alguno de los dos géneros tiene que ver obligatoriamente. Un cuarteto de lo mas llamativo, una horda de zombies y un guion agudo, hacen del debut de Ruben Fleischer un magnífico entretenimiento, una road movie agradable, divertida y alocada. Sangre y diversión a partes iguales.

Bienvenidos a Zombieland.