Crítica ‘Rompe Ralph’: Destrozando códigos

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Allá por los años 80, en los estudios de Disney, rondaba una propuesta cuanto menos interesante y que ha ido traspasando las décadas con diferentes nombres y variaciones en su desarrollo, pero no fue hasta que la mirada de John Lasseter se posara sobre ella, cuando por fin pudimos degustar la obra que Disney finalmente nos regaló en 2012. Tomando como base a ese mundo que se encuentra en auge, el de los videojuegos, la historia de ‘Rompe Ralph’ examina los códigos del material con sumo gusto y de formas fructíferas, añadiendo capas de referencias, guiños y homenajes para todo tipo de espectador y aficionado. Y es que el mayor acierto de esta nueva aventura reside en la fantástica combinación de dos materiales en el que ningún niño o adulto queda excluido, aún sin sentir devoción por el juguete que la productora maneja en sus manos.

Porque este singular relato, con fachada diferente y contenido continuista, rebosa originalidad en todo su metraje. Las típicas situaciones “made in Disney” se reformula con las reglas de todo videojuego, y en sus descubrimientos e inteligentes giros de guion, los niveles van saltando con ingenio y carisma a través de lo que son sus dos ejes principales, ese Ralph en busca de la inversión de roles (malo-bueno) en una suerte entre Shrek y Donkey Kong, y sobre todo, la pequeña Vanellope, la criatura más entrañable y adorable que ha creado la factoría en años, y es ella naturalmente quien se roba el corazón de los presentes. Invitados de juegos clásicos, de productos superventas y nuevas creaciones asisten a un entretenimiento de lograda solidez, y si bien está lejos de la brillantez conseguida por el estudio en otros trabajos y por supuesto de la etiqueta de clásico, ‘Rompe Ralph’ tiene el suficiente encanto para maravillarnos en una hora y media llena de simpatía y colores, de matices y diversidad, de diversión retro y novedosa, que termina provocando esas ganas de reiniciar la partida que solo los buenos videojuegos consiguen producir, y este, no os quepa duda, lo es.

 

Crítica ‘The Amazing Spider-Man’: El rostro tras la máscara

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Afirmaba Stan Lee que la idea impulsora detrás del héroe arácnido era la de crear un personaje joven tras el éxito cosechado con los Cuatro Fantásticos o Hulk, entre otros. Un adolescente retraído con problemas normales, las preocupaciones propias de la edad y el descubrimiento de sí mismo, mientras lidiaba con sus poderes y la vida típica de cualquier enmascarado. El concepto como era de esperar funcionó, pues sus lectores mayoritarios encajaban en ese perfil y por tanto la identificación con aquel chico llamado Peter Parker fue mayor que la de otros superhéroes. Así, y desde este punto de partida, el reinicio propiciado por Sony tras los malentendidos y los conflictos que tuvo con Sam Raimi, nace de dicha semilla y es usada en su sentido más literal en ‘The Amazing Spider-Man’, el film dirigido por Marc Webb, quien en reiteradas ocasiones declaró su interés por la persona y no tanto por el álter ego, una premisa que derivada de las influencias marcadas por Nolan se integraba bien en la tendencia actual.

Sin embargo, más allá de conformarse con andar los pasos del Caballero Oscuro (y obviamente alejándose del realizado por Maguire y compañía), Webb extrae y adapta para sí la textura realista de la obra, envolviendo sus elementos en un aire juvenil y actualizando las claves que tanto gustaron en su momento a una época mas moderna, donde el skate ha dejado de ser la moda y la actitud se transforma acorde a las circunstancias. Es por ello, y siempre alrededor de su protagonista, que el guion firmado a tres bandas centra sus esfuerzos en situarnos en contexto y en contar el origen no de Spider-Man, que al fin al cabo es el resultado de múltiples variables, sino de Peter Parker, quien encarnado por un enérgico y vulnerable Andrew Garfield es el alma y el trampolín de una cinta que gira en torno a su persona. Más rico en detalles y con una mayor profundidad, el actor echa sobre sus hombros la narración y aporta una entidad mas creíble que el de su antecesor, desarrollando desde una perspectiva terrenal los motivos por los cuales se produce el surgimiento de Spider-Man. Pero es en su relación con la encantadora Gwen Stacy donde la historia brilla con intensidad, pues la química desprendida por Emma Stone y el actor es el principal pilar donde se sustenta el material, convirtiéndose en la fuerza necesaria para que el metraje avance a través de una correcta, aunque típica historia.

Así pues, el director de ‘500 días juntos’ vuelve a demostrar su capacidad para construir relaciones fuertes, hilando los sentimientos de la atractiva pareja protagonista en los mejores momentos del conjunto, donde se siente más cómodo que en unas aceptables escenas de acción. Ayuda enormemente la composición de melodías creadas por James Horner, quien realza el potencial de los personajes y aumenta el tono humano de la obra, porque si bien nos encontramos con los elementos característicos de cualquier producción superheroica, ‘The Amazing Spider-Man’ se desmarca de todas ellas, descubriéndonos bajo el disfraz de blockbuster un corazón que late al ritmo del cine independiente juvenil, apostando por su vertiente emocional y dejando en un segundo plano la pirotecnia y los efectos especiales. Lástima de un villano intrascendente y ciertos (pequeños) momentos de bajada que hacen restar puntos a una producción honesta, ligeramente refrescante y finalmente, notable. Mención aparte merece el que es, hasta la fecha, el mejor y más desternillante cameo de Stan Lee.

 

Crítica ‘Skyfall’: Un renacimiento soberbio

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Por todo lo alto. Después de un decepcionante capítulo y tomarse unas vacaciones, James Bond volvía cuatro años más tarde con fuerzas renovadas y con una bienvenida ración de intrigas, poderío visual y una formidable trama que profundiza en el personaje como nunca antes se había hecho. Casi tan buena como ‘Casino Royale’ y reformulando sus propias directrices, ‘Skyfall’ es un notable (alto) thriller que te sacude y te deja clavado en el sitio, que solo su tercer acto impide que estemos ante un producto sobresaliente.

Cuando el Mi6 sufre un ataque a su base en Reino Unido, James Bond se verá sometido a un enemigo totalmente desconocido al que tendrá que detener para salvar al servicio de su destrucción, mientras su lealtad a M se verá puesta a prueba.

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El mal sabor de boca que dejó ‘Quantum of Solace’ fue demasiado grande. Todo el encanto del personaje había desaparecido y la relación entre el personaje y el creado por Fleming poco tenían que ver, y es por ello que esta nueva aventura debía ser un golpe sobre la mesa o terminaría condenando al fracaso y la extinción a uno de los mejores Bond que el cine nos había dado. En esta ocasión, la película nº 23 no solo se redime sino que entrega una de las mejores hazañas del personaje y en términos puramente cinematográficos, sin duda, el mejor. La entrada de Sam Mendes en la franquicia no podía haber sido más acertada, inyectando una madurez y profundidad que si bien no es extremadamente pronunciada, si que es un agradecido acercamiento a la psicología y las limitaciones de una figura icónica, entrando en un terreno hasta ahora inexplorado.

No es el James Bond que conocemos, siendo en ese aspecto mucho mejor el de Campbell, pero al contrario que el de Foster quien intentaba sin éxito convertirlo en un héroe de acción, aquí sí hay un buen desarrollo e introspección del personaje para transformarlo y aceptarlo entre nosotros. Más humano, más viejo y también, más cercano al héroe-espía estándar de la actualidad, Bond sufre, duda, piensa y se cuestiona, es un alma que bebe del Batman de Nolan y que coge sus mejores atributos y los integra en la saga, resultando un 007 mucho más interesante que una simple máquina de matar. Con su vuelta al estilo elegante y una buena revisión actualizada, el director británico traslada con solvencia un notable guion, con un buen desarrollo, una historia que se entiende y se sigue con interés, y sobre todo con una puesta en escena soberbia y una madurez técnica en la dirección que nunca antes se había atrevido afrontar la serie. No gustará en demasía a los puristas, ya que quizás le ha faltado un mayor equilibrio entre lo tradicional y lo novedoso (filosofía en la cual hace hincapié el film), pero es un estupendo thriller con un reformado Bond que supone un trabajo sólido y con unas fuertes bases.

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Por todo ello resulta una ligera decepción su clímax final, un buen tercer acto que no está a la altura y cambia de forma radical con el tono de la cinta, y ese “crescendo” a más que había ido construyendo todo el metraje subiendo la tensión y las emociones, no termina por explotar en sus potentes virtudes, desperdiciando y deconstruyendo un historia absorbente. Aun así, se las arregla para terminar siendo un memorable episodio en el que el relato se apoya en unos personajes fantásticamente (y medianamente) complejos, en el que cada actor saca lo mejor de su interpretación destacando, cómo no, al James Bond de Daniel Craig y a Judi Dench, y dejándonos tres nuevos personajes que cumplen con nota como Ralph Fiennes, Ben Wishaw y un estupendo villano interpretado por Javier Bardem, quien su excéntrica figura se aúpa como una fascinante personalidad y con algunas motivaciones más que conquistar el mundo. Todos ellos gozan del suficiente progreso en el relato para que formen una identidad propia e interesante, y regalando algunas sopresas para los fans más veteranos.

Dentro de su solida narración, hay una idea que es llevada a todos los niveles y capas de la película: lo tradicional y novedoso, lo viejo y lo nuevo, y lo antiguo y lo moderno. Personajes, historia, diálogos, melodías, ambientación,… todo ese concepto está integrado en cada uno de los elementos que componen el retrato más insondable de la cinta, un retrato que representa el paso inexorable del tiempo, de la búsqueda del equilibrio entre ambos contrapuntos y saber cuando parar o avanzar, cuando elegir algo o no. Y aunque es cierto que esa armonía de estabilidad no siempre consigue estar presente, es un agradable punto y aparte en la franquicia, que abre un puente para cruzar la línea y despegarse de anticuadas y obsoletas propiedades y quedarse simplemente con lo esencial, y hacer una renovación de las claves de la serie más longeva de la historia. Mendes invita a olvidarse de los restos que no sirve y otorgar un lavado de cara con el fin de llegar a la modernidad actual, algo que realiza en su trabajo y lográndolo con nota.

Daniel Craig;Javier Bardem

Deja a un lado al pasado y sumérgete en el presente. ‘Skyfall’ es un muy buen capítulo de la franquicia, pero sobre todo es una redefinición de la saga, una adaptación moderna del mito para sobrevivir a las nuevas generaciones y volver a cautivar como lo ha hecho durante sus más de 60 años. Más oscura, más profunda y más intensa, James Bond renueva sus conceptos y los expande para entregarnos un thriller con estilo, nervio y brío en un entretenimiento sólido que se pasa en un abrir y cerrar de ojos. Ojalá este sea al fin el establecimiento total del 007 de Craig.