Crítica ‘The Amazing Spider-Man 2’: Regresando a las viñetas

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Obviando en su mayor parte el tono, la textura y el universo donde se ubicaba aquel reinicio de 2012, Marc Webb realizaba un ejercicio de renovación profunda en la secuela del hombre arácnido que nos llegaba el año pasado. Manteniendo las bases de aquella, siendo principalmente la pareja protagonista y siguiendo con el curso narrativo de los acontecimientos, ‘The Amazing Spider-Man 2: el poder de Electro’ nos presenta un nuevo contexto, transformándose acorde a las necesidades pedidas por un público saturado de superhéroes, donde la evolución respecto a anteriores épocas ha dado un salto cualitativo. Y es que si bien su antecesora se hallaba en el medio de la implosión generada por Marvel y sus Vengadores, esta nueva entrega se encuentra en el total asentamiento de un subgénero entregado al mundo de los crossovers, donde las conexiones son el pan de cada día y sin ellas, parece carecer de todo sentido. Sin embargo, Webb se centra en su terreno, otro tipo de conexión que tan buenos frutos le ha dado en su corta filmografía y retorna para ser el centro de la ya cancelada saga.

Por ello, y siempre con Peter Parker en el ojo del huracán, dicha secuela cambia la fachada y se distancia de manera notoria de esa predilección moderna de convertir cada contexto en un mundo sombrío para definitivamente acercarse a la fuente original, la del universo de viñetas, diálogos y villanos caricaturescos. No hay trascendencia ni grandeza premeditada, simplemente un flirteo con la diversión de las páginas marcadas con rojo, donde la tragedia y el humor se trasladan a un nuevo formato de maneras hasta ahora inexploradas. Regresa el Spider-Man más irónico, el Parker con más problemas que nunca y por encima de todo, la relación y la fantástica química representada en la pareja Garfield-Stone quienes se confirman como uno de los mejores noviazgos del cine de superhéroes, reforzando sus lazos e inquietudes. Y a pesar de su inconexo montaje, el solapamiento de sus abundantes tramas y la excentricidad de algunos aspectos que pueden echar para atrás a una parte del público, esta enérgica aventura sobresale en su fuerza y su furia, impresas en un estilo visual colorido con reminiscencias del Universo Ultimate y que juega un papel primordial para adentrarnos en su historia.

Entonces, en medio del caos sentimental y la revolución de las hormonas adolescentes, florecen nuevos enemigos, cada uno en su escala: el anecdótico Rinho apoyado en un Paul Giamatti pasado de vueltas, el histriónico Electro de Jamie Foxx como mera distracción para las (esta vez sí) espectaculares secuencias de acción, y el verdadero villano: un Duende que al igual que en los cómics ejerce de maestro de ceremonias, en el cual la locura desprendida por Dane DeHaan arroja unos valiosos daños colaterales a la cinta, aportando la entidad dramática necesaria para elevarse entre otras producciones de su mismo juego. Y si el balanceo coge altura no es tanto por sus logros cinematográficos, que los tiene, si no por realizar lo que cualquier adaptación de cómic debería aspirar ante todo: captar la esencia del personaje, de sus historias y adaptarlas al celuloide con el máximo respeto posible. ¿Las consecuencias? Plasmar lo mejor y lo peor y por tanto, encontrar motivos tanto para amarla como odiarla, pero ‘The Amazing Spider-Man 2’ se sobrepone a sus defectos, ofreciéndonos una potente y espectacular aventura que por su valentía en tiempos de deconstrucción de mitos, merece ser valorada.

Crítica ‘The Amazing Spider-Man’: El rostro tras la máscara

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Afirmaba Stan Lee que la idea impulsora detrás del héroe arácnido era la de crear un personaje joven tras el éxito cosechado con los Cuatro Fantásticos o Hulk, entre otros. Un adolescente retraído con problemas normales, las preocupaciones propias de la edad y el descubrimiento de sí mismo, mientras lidiaba con sus poderes y la vida típica de cualquier enmascarado. El concepto como era de esperar funcionó, pues sus lectores mayoritarios encajaban en ese perfil y por tanto la identificación con aquel chico llamado Peter Parker fue mayor que la de otros superhéroes. Así, y desde este punto de partida, el reinicio propiciado por Sony tras los malentendidos y los conflictos que tuvo con Sam Raimi, nace de dicha semilla y es usada en su sentido más literal en ‘The Amazing Spider-Man’, el film dirigido por Marc Webb, quien en reiteradas ocasiones declaró su interés por la persona y no tanto por el álter ego, una premisa que derivada de las influencias marcadas por Nolan se integraba bien en la tendencia actual.

Sin embargo, más allá de conformarse con andar los pasos del Caballero Oscuro (y obviamente alejándose del realizado por Maguire y compañía), Webb extrae y adapta para sí la textura realista de la obra, envolviendo sus elementos en un aire juvenil y actualizando las claves que tanto gustaron en su momento a una época mas moderna, donde el skate ha dejado de ser la moda y la actitud se transforma acorde a las circunstancias. Es por ello, y siempre alrededor de su protagonista, que el guion firmado a tres bandas centra sus esfuerzos en situarnos en contexto y en contar el origen no de Spider-Man, que al fin al cabo es el resultado de múltiples variables, sino de Peter Parker, quien encarnado por un enérgico y vulnerable Andrew Garfield es el alma y el trampolín de una cinta que gira en torno a su persona. Más rico en detalles y con una mayor profundidad, el actor echa sobre sus hombros la narración y aporta una entidad mas creíble que el de su antecesor, desarrollando desde una perspectiva terrenal los motivos por los cuales se produce el surgimiento de Spider-Man. Pero es en su relación con la encantadora Gwen Stacy donde la historia brilla con intensidad, pues la química desprendida por Emma Stone y el actor es el principal pilar donde se sustenta el material, convirtiéndose en la fuerza necesaria para que el metraje avance a través de una correcta, aunque típica historia.

Así pues, el director de ‘500 días juntos’ vuelve a demostrar su capacidad para construir relaciones fuertes, hilando los sentimientos de la atractiva pareja protagonista en los mejores momentos del conjunto, donde se siente más cómodo que en unas aceptables escenas de acción. Ayuda enormemente la composición de melodías creadas por James Horner, quien realza el potencial de los personajes y aumenta el tono humano de la obra, porque si bien nos encontramos con los elementos característicos de cualquier producción superheroica, ‘The Amazing Spider-Man’ se desmarca de todas ellas, descubriéndonos bajo el disfraz de blockbuster un corazón que late al ritmo del cine independiente juvenil, apostando por su vertiente emocional y dejando en un segundo plano la pirotecnia y los efectos especiales. Lástima de un villano intrascendente y ciertos (pequeños) momentos de bajada que hacen restar puntos a una producción honesta, ligeramente refrescante y finalmente, notable. Mención aparte merece el que es, hasta la fecha, el mejor y más desternillante cameo de Stan Lee.

 

Crítica ‘It Follows’: Del horror a la reflexión

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El contador empieza a sumar y en pantalla vemos una larga calle. Durante los próximos tres minutos, un largo plano secuencia va dibujando de forma precisa las bases sobre las que se asienta la cinta, y una tensa sensación se apodera en escasos segundos. Con una rotación sobre sí misma, la cámara enseña y deja reposar, una chica sale corriendo desde su casa para acto seguido volver y repetir el proceso, en principio sin motivo alguno. Una escena que podría ser de cualquier película del género, pero con una exquisita realización y una elegante técnica que la desmarca desde el principio de cualquier otro producto que hayamos visto en años. ‘It Follows’ es el segundo largometraje de David Robert Michell, una “indie” de terror que cuenta la historia de Jay, una joven de 18 años que tras realizar su primer acto sexual con su novio, se ve envuelta en una pesadilla donde la persecución y la estela de ese momento le atormentara en la forma de un ente desconocido.

Y a partir de esa premisa, un aparente déjà vu tantas veces presenciado puede hacernos caer en el equívoco prejuicio de estar ante otra más, pero alejándose de la presunta realidad y a pesar de la reiteración de situaciones similares que van sucediendo a lo largo del film, todo sabe a nuevo con un regusto a lo clásico y tradicional pues ciertos aspectos remiten al cine de John Carpenter, tratando el material con un refinado estilo y una viva fascinación por el poder las imágenes. Mitchell saca jugo a cada plano, cada toma de sus personajes y cada punto estratégico de los lugares de la historia, relatándonos lo que es al fin y al cabo una constante “persecución-escape”, pero utilizando los entornos abiertos en vez de los cerrados (claustrofóbicos y tópicos) escenarios del terror más común. Por ello, el doble mérito de manejar el suspense y la tensión con maestría, envolviendo a sus elementos en una atmósfera de inquietud y fría extrañeza con una puesta en escena soberbia donde el lenguaje visual es tan protagonista como Maika Monroe, quien otorga una solvente actuación y echa sobre sus hombros la mayor carga emocional. Pero si bien hacíamos referencia al cine de Carpenter como guía, su presencia se encuentra más en la forma que en el contenido puesto que la parte más interesante de esta ‘It Follows’ se encuentra más en su mensaje encriptado que en su figura. Y aquí resulta inevitable sumergirse en el simbolismo tan característico de David Lynch, donde un tema en concreto es el que sirve como sustento a la narración, utilizando como pocos han hecho al género como excusa para tratar, en esta ocasión, el sexo y no como maquinaria de sustos.

No es casualidad que el detonante de las situaciones y el acoso sufrido por la protagonista sea su primera relación sexual y que con ella a su vez se acaben los problemas. De una forma metafórica y explícita, asistimos ante el clásico punto de partida de ser sobrenatural persigue a chica/chico para, efectivamente, regalarnos de manera excepcional las dosis requeridas de tensión y sin embargo, detrás de ello se esconde la visión del director de un retrato sórdido de la realidad social. Una muestra en clave del sexo como punto y aparte, como inicio de los temores y los problemas y el paso definitivo hacia la adultez, dejando atrás toda inocencia y entrando en el mundo de las sombras, lugar del que no hay escapatoria. Mientras, reproduce la conducta actual de las jóvenes generaciones y es en ese terreno cuando la línea entre el retrato y la crítica se hace más difusa, poniendo sobre la mesa el debate entre el acto sexual y el amor, las consecuencias en su (no) interrelación y dejando en el aire pistas para desentrañar el mensaje, especialmente en su plano final, tan reflexivo como verdadero. Es pues, una innovación importante en un tipo de cine no muy dado a las segundas lecturas y mucho menos a lagos tan profundos en el que pocos atreven a mojarse. Mitchell no cambia las formas, pero las maximiza y le añade una bienvenida ración de nuevas capas a un producto, hasta cierto punto, original, y que solo su reiteración en su esquema durante el metraje le pone algunas trabas a esta nueva forma de terror. Una vez más, el cine independiente vuelve a ofrecer lo que los productos comerciales no pueden mayormente: una elegante experiencia, magnética y con nuevas pautas bajo el brazo.

Crítica ‘Marte (The Martian)’: Evasión espacial

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Fue ‘Exodus’, con su despliegue majestuoso y la pesadez de su narración, la que nos empezaba indicar donde estaba la salida para un director con joyas tan laureadas que no hace falta ni mencionar, dado que el declive que estaba sufriendo Ridley Scott anunciaba una bajada sin retorno. Y sin embargo, como muchos antes hicieron, el cineasta ha sabido volver a escalar la montaña dejando a un lado las cuestiones morales, los relatos de epopeya y el origen xenomorfo. ‘The Martian’ triunfa porque su director de orquesta pone su talento al servicio de trabajos mejores, de creaciones y escritos de cabezas pensantes que saben construir de formas más eficaces historias y con un sentido del ritmo que había sido abandonado hace tiempo. Es la cara más automática y la que menos se recrea en florituras, y por ello su resultado es el mejor de cuantos productos ha rodado en los últimos años.

Es entonces hacia el libreto donde hay que poner las miras, pues el estupendo guion escrito por Drew Goddard y basada en la novela de Andy Weir, se aleja de los recursos dramáticos tan frecuentes en la ciencia ficción de hoy en día (aunque sin librarse de la redundancia en las explicaciones técnico-científicas) reduciendo dicho componente al mínimo, desterrando la oscuridad y entregando una visión luminosa y con una fuerte carga de ligereza. Y si bien el argumento de un astronauta que tras un accidente se queda abandonado en un planeta e intenta sobrevivir y escapar, da pie a explorar las profundidades del individuo y realzar la parte puramente trágica, aquí es obviado y usado convenientemente según en qué ocasión, detalle fácilmente pasable cuando la recompensa es la de un film sin dobles lecturas, con el entretenimiento y la aventura por bandera y la consecución positiva de sus logros, repartiéndose en la mayor parte del metraje. Dichos méritos vienen derivados por la pluma de Goddard, quien sabe de la posible monotonía de su punto de partida y acierta en la progresiva introducción de nuevos personajes que van desfilando a lo largo de la historia, detonando y originando situaciones que mantienen el interés y rellena los puntos muertos del relato. De dicha forma, la construcción de los personajes queda limitada a la exposición de lo que se cuenta, sin salirse de sus parámetros y enfocándose de lleno en la misión, aspecto que agiliza la narración y que gracias a su doble vía estructural (una en Marte, otra en la Tierra) nunca resulta cansino el viaje.

Y esa luminosidad y optimismo desbordante que comentábamos antes, encuentra su origen en sucesivas demostraciones de humor y ligereza en una aventura situada en un contexto dramático, pero con un contenido radicalmente diferente. El lado cómico funciona, a pesar de algún que otro exceso, y los personajes de una lógica cuanto menos incrédula si se hubieran ubicado en otro tipo de producto, otorgan credibilidad a sus acciones, donde la naturalidad y la diversión de un Matt Damon eficaz resalta en una producción de nombres importantes. Algunas pegas menores, relacionadas con cierto mensaje conciliador entre dos potencias mundiales que se inserta en la trama de manera forzada y algunos minutos de más, no obvian la potente evasión que ofrece ‘The Martian’, un relato de aventuras ligero, divertido y excepcionalmente realizado que vuelve a poner a su cabeza visible en la cima, si bien es justo determinar que el origen de los diferentes traspiés no se debe a su director, sino a una serie de guiones de dudosa simetría. Un claro ejemplo de lo que un buen libreto o no puede conseguir y una muestra palpable de lo innecesario que resulta a veces introducir tanta oscuridad y carga dramática en producciones que no se antojan vitales.

Crítica ‘Beasts of No Nation’: Desoladora e irregularmente buena

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No es extraño el temor que empieza a rezumar en las distribuidoras de cine, como tampoco hay que sorprenderse de la bajada de nivel que ha sufrido ‘True Detective’, cuestiones que tienen su origen en un denominador común que no es otro que la próxima televisión del futuro, una renovada y actualizada forma de visionar los productos audiovisuales acorde a los tiempos de la era de Internet y sobre todo, a un director que ha puesto las espadas altas y las expectativas en una vara de medir realmente elevada. Por ello, ‘Beasts of No Nation’ está dando mucho que hablar, pues nos encontramos con la introducción de Netflix en el ámbito cinematográfico por la puerta grande, aún con sus irregularidades, pero suponiendo una forma modélica para empezar en un, hasta ahora, territorio desconocido.

También de la mano, iniciándose en ese camino, ha entrado Cary Joji Fukunaga para contarnos la historia de Agu, un niño africano que se ve obligado a revolcarse en la encarnizada guerra de un país cualquiera y de un conflicto cualquiera, pues aquí no importa ni el qué ni el por qué, y es en el retrato de un chico obligado a adaptarse a circunstancias que por terribles, no deja de ser algo frecuente en una representación de un colectivo. Su director, como ya hacía gala en la primera temporada de la serie detectivesca, narra con brío, brillantez y crudeza una travesía de horrores tratada con belleza, explotando no solo un guion para contar sino la parte meramente visual para transmitir. Unos primorosos 20 minutos iniciales se suman a una serie de escenas que van dejando no destellos, sino centellas de un poderío en las imágenes deslumbrantes, llegando al corazón de lo emocional y confirmando el talento del californiano para exprimir la pantalla. Y a ellas hay que agradecer la salvación de algunos tramos irregulares, que roza peligrosamente con derrumbar el conjunto y se sobrepone a ciertos momentos en el que el foco se desvía a lugares correctos pero equívocos en una historia bélica en el fondo, pero sin ser lo primordial, aspecto que el propio film se olvida en ocasiones. Esa confusión arrastra algunos puntos muertos en exceso largos derivando en una duración demasiado abultada, pero que por suerte no termina por condenarla.

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Y en todo el enmarañado de la selva y su espectacular fotografía, con balas, hachazos y sangre incluida, sobresalen dos figuras: la de un Idris Elba que se come la pantalla cada vez que aparece con un personaje imponente y claras dotes de liderazgo, y la del pequeño Abraham Atta, cuya fascinante interpretación supone una de las grandes sorpresas del año; el primero por brutal, seco e impactante, a la vez que realista y sádico y el segundo por una conmovedora representación, tan difícil como certera y un encuentro del equilibrio prácticamente perfecto entre la sensiblería y la falta carente de emociones, a pesar de un reiterado uso de la voz en off que no siempre funciona como debiera. Es entonces, en la interacción entre estas dos bestias donde el film brilla con más potencia, en la relación que ciertamente podría haber sido más explotada, pero que destila un sobrecogedor torrente de emociones y que bien podría valer unas nominaciones a los Oscar. Entre tanto, Fukunaga maneja con acierto el contraste de situaciones a la par que conjuga el realismo con la parte más lírica de la guerra y sus consecuencias, una experiencia agotadora y francamente potente y desoladora

Finalmente, la reflexión de una película con contundentes críticas hacia la guerra, la hipocresía y la ignorancia premeditada, ademas de diversas cuestiones sobre la esencia de la vida y el propio ser humano; temas tan trascendentes como lo puede ser el producto que nos ocupa y aunque es temprano para saberlo, se empiezan a ver esbozos de lo que es una forma futura de distribución de películas. Ha empezado fuerte y Netflix sabe de su importancia, así como la cadenas distribuidoras, las cuales muchas se han negado a proyectarla en cines. ‘Beasts of No Nation’ es una buena muestra de lo que pueden conseguir las plataformas online, y su ascenso y recepción pueden suponer una brecha en el cine tal y como lo conocemos, si bien ello no supone que termine desapareciendo el formato actual, pero puede haberse abierto un camino más moderno, digitalizado y con claras vistas hacia una remodelación profunda en el panorama cinematográfico. Si se confirma o no o si es para mejor o para peor, solo el tiempo lo dirá, pero quizás la obra de Fukunaga y su equipo no solo sea una excepcional película, sino un punto y aparte en la industria del cine.

Crítica ‘Terminator Génesis’: Mediocre capítulo, pasable entretenimiento

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Mismo año, mismas intenciones… y resultados dispares. Es inevitable no desembocar en las comparaciones cuando franquicias tan potentes como la creada por James Cameron y Steven Spielberg hace tantos años, intentan renacer en un mismo periodo, y sobre todo cuando ‘Jurassic World’ y esta ‘Terminator Génesis’ comparten tantos paralelismos. Y si bien, como comentábamos hace unos días la nueva era de dinosaurios digitales salía medianamente airoso de su combate, no podemos decir lo mismo de los cyborgs del futuro. Alan Taylor, como ya sucedía con “Thor: el Mundo Oscuro”, no imprime ni personalidad ni rigor a un relato que sino termina por clausurar la fábrica de máquinas, al menos le echará el candado a una saga que definitivamente ha perdido el rumbo.

Muy lejos queda la ambientación claustrofóbica, la tensión y el pulso narrativo que ofrecían tanto ‘Terminator’ como ‘Terminator 2’, y aunque es cierto que pedir a estas alturas algo que simplemente se le asemeje a dichos clásicos es toda una temeridad, no es descabellado pedir un producto que realice bien su trabajo y que respete la esencia que desprendía aquellos films, aspecto que en mayor o menor medida cumplían tanto la tercera parte como ‘Salvation’. Aquí, salvo los primeros 20 minutos que se dedica a recrear situaciones de las primeras partes homenajeándolas y construyendo lo mejor de la cinta, poco o nada queda de la idiosincrasia del mito. Los Terminators, torpes y letales, se sustituyen por máquinas que se despachan en poco tiempo, el temor y las persecuciones se tornan en balas y confrontamientos múltiples, y los viejos personajes se reinventan hasta tal punto que no reconocemos a ninguno de ellos salvo por sus nombres. Allí donde Trevorrow mezclaba la nostalgia y las convencionalismos de Hollywood de manera correcta, para lo bueno y para lo malo, Taylor y el guion apuestan por leves destellos de épocas más antiguas y, en esta ocasión, mejores, apostando en su detrimento por atiborrar a los espectadores de toneladas de CGI, actores planos y una abusiva acción que entretiene, pero que no deja huella.

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Y en esas, entre graves errores de casting como la pareja Clarke-Courtney, sirenas anunciando la superficialidad de un producto inocuo y un Arnold Schwarzenegger relevado casi a un papel que sirve como escape hacia el humor, nos encontramos con una historia que a modo de secuela-reboot-reinvención, agrupa todos los elementos característicos de la serie, los remueve y los mezcla en una enrevesada narración que tiene un buen punto de partida, pero que no aprovecha sus posibilidades totalmente y aun así, es lo único que va manteniendo el interés con el paso de los minutos. Algunos buenos giros de guion, masacrados por los trailers y la incesante publicidad que cada vez se atreven a ir más lejos hasta un punto que perjudica en vez de beneficiar, se encargan de insuflar algo de vida a un modelo de producción que da síntomas de agotamiento profundo. Productoras, guionistas y directores que buscan el “más difícil aún” a través de juegos de historias, olvidándose de dotar de esencia y alma a sus trabajos, perdiendo toda identidad por el camino y con un objetivo claramente económico que no se corresponde con la devoción del fiel seguidor.

Pero con todo lo dicho, y abstrayéndonos de la integración de Génesis en la serie, resulta un producto que con todos sus fallos podemos considerar como un pasable entretenimiento, que entrega una batalla T800 vs T800 (o lo que es lo mismo, Arnold vs Arnold) que deja un buen sabor de boca y que al menos nunca llega aburrir. Su problema es que probablemente quien se acerque a visionar esta función no sea un individuo cualquiera (a no ser que sea seguidor de Juego de Tronos), sino aquel que ha seguido este presente y futuro distópico que creó Cameron con muchísimo más esmero y con menos financiación que la de hoy en día, por lo que las posibilidades de dejar un impacto positivo quedan claramente reducidas. Es un concepto que no parecen entender los estudios y que queda plasmado en la pantalla. Sin ser un desastre, ‘Terminator Génesis’ es un modelo nuevo que desde la base no funciona, una máquina estropeada que se ha salido de las directrices de la producción y que irremediablemente las únicas buenas sensaciones que ofrece, es la de admirar más aún las dos primeras partes e incluso sus menores secuelas. Y es que cuando salen los créditos y lo siguiente que quieres hacer es revisionar la obra de 1984, es que hay algo que claramente no se ha hecho bien.

Top 5 | Grandes momentos del cine de superhéroes

Han salido decenas de películas, arrasan en taquilla allí por donde pasan, y como en todo género, hay mejores y peores productos. Pero si por algo suelen destacar las aventuras de estos grandes (y pequeños) superhéroes son precisamente por esas escenas que se quedan clavadas y grabadas a fuego en nuestra memoria, esas secuencias que nos hacen soñar con lo más alto y nos ponen con la piel de gallina.

Por ello, hemos elaborado este pequeño top sobre aquellos gloriosos minutos que más nos han impactado y que definitivamente nos han dejado un gran sabor de boca. A continuación, os dejamos con los 5 mejores momentos que a nuestro juicio nos ha ofrecido el cine de superhéroes y avisado quedáis de que hay algún que otro gran spoiler, así que si ves el titulo de algún film que aún no has visto, no sigas leyendo; asimismo, aclarar que hay algunas ausencias notorias que nos hemos dejado en el tintero, con el afán de no repetir películas y ofrecer variedad en las elecciones. Os invitamos a que compartáis con nosotros vuestra propia lista de grandes momentos.

Sin más dilación, empezamos:

5. ‘Capitán América: el Soldado de Invierno’: Nick Fury Road

No ha sido precisamente fácil el camino de Steve Rogers por el cine y es que la popularidad de la que goza actualmente el hombre de las barras y estrellas ha tardado un poco más de lo esperado, aunque definitivamente ha merecido la pena. Los hermanos Russo sorprendieron a propios y extraños con un ‘Soldado de Invierno’ que se alejaba de los tópicos de Marvel y nos entregaron una cinta que colocaba al Capitán América en el sitio que le corresponde, transformando su secuela en toda una película digna del cine de espías y el thriller de los años 90.

Para muestra, la fantástica escena en la que un ¿vulnerable? Nick Furia es perseguido por ciertos agentes de carácter sospechoso. Una carrera de vehículos dirigida con pulso y con un buen regusto por un tipo de cine del que hace mucho que no veíamos y que se cuela entre lo mejor del universo marvelita por su excelente realización y su valentía al desmarcarse de otros productos.

4. ‘X-Men: Primera Generación’: Introduzca una moneda, por favor

Tras los relativos fracasos a nivel de crítica de ‘La decisión final’ y la película de orígenes de Lobezno, resultaba fácil pensar que el declive de la saga mutante estaba llegando a un punto de inevitable bajada, pero por suerte Matthew Vaughn paró esa caída en seco. ‘Primera Generación’ no solo revitalizaba la franquicia de manera fantástica, sino que también se permitía regalarnos unas cuantas escenas de gran valor y lo cierto es que ha sido difícil quedarse con solo una, dado que perfectamente podría haber estado esa revuelta “reunión” entre Shaw y el pequeño Erik en Alemania.

Finalmente, nuestra balanza se ha decantado por la ultima confrontación visual entre el personaje de Kevin Bacon y el de Fassbender, dos actores que sacan lo mejor de sí en una secuencia, que por singular, original y sobre todo por una sorprendente y brutal resolución no muy frecuentes en este tipo de films, merece ser destacada. El dolor de Shaw (y de Charles) sobrepasa toda pantalla por la que pasa.

3. ‘El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace’: el regreso de Batman

Tras realizar la que es considerada por muchos la mejor película del género hasta la fecha, Nolan regresó para terminar con la trilogía que había devuelto la dignidad perdida al Caballero Oscuro después de la decepcionante y desastrosa ‘Batman y Robin’, de Joel Schumacher. La recepción de ‘La Leyenda Renace’ fue por lo general positiva, aunque lejos de lo que había supuesto su predecesora, pero aun así, concluía de manera satisfactoria las andanzas del Batman de Christian Bale. Y es que si bien a nivel de guion no fue tan redonda como ‘The Dark Knight’, lo que no se le puede reprochar a la tercera entrega es de habernos brindado algunas de las escenas más espectaculares e impresionantes del héroe de DC.

Entre ellas, y a sabiendas de que hay unas cuantas que podrian haber ocupado este lugar, nos quedamos con la escena en la que un desgastado enmascarado vuelve por todo lo alto tras 8 años sin conocimiento de su paradero. Una fantástica persecución detrás de Bane y sus secuaces, observada por toda la ciudad de Gotham, que realmente conseguía ponernos los pelos de punta, en unos de los mejores minutos de la trilogía.

2. ‘The Amazing Spider-Man 2’: Las promesas incumplidas

Ha sido criticada por muchos, amada por unos pocos y su cancelación no ha hecho más que echar leña al fuego, pero hay cosas que difícilmente se puede poner en tela de juicio. La saga (o dúo) de The Amazing Spider-Man ha pasado sin pena y sin gloria entre los fans, algo que un servidor no termina de entender, y aun así nos ha entregado momentos que son pura delicia. Lo cierto es que ha sido difícil dejarla en el puesto número 2, porque el clímax de la secuela del arácnido es digna de llevarse todos los elogios (que no ha recibido) y sobre todo, merecedora de ser una de las escenas más impactantes y cinematográficamente mejor filmadas en todo el género. Porque el momento cumbre que cambió al superhéroe de mallas rojas y azules, y que también provocó un cambio drástico en los cómics, fue trasladada de manera formidable a la gran pantalla.

Marc Webb, haciendo gala de un pulso magistral, rueda impecablemente la muerte de nuestra querida Gwen Stacy. Manejando los tiempos con excelencia y combinando e intercalando una serie de imágenes tremendamente poderosas, la caída del primer gran amor de Peter Parker y el reloj marcando cada uno de los últimos segundos de su vida entra directamente en uno de los grandes momentos, por no decir el mejor, de la franquicia de Spider-Man. Una escena que no ha sido reconocida como se merece y que dentro de este tipo de películas, pocas cosas mejores se pueden encontrar en una auténtica exhibición de maestría.

Simplemente magnífica.

1. ‘Los Vengadores’: La batalla de Nueva York

El éxito actual de Marvel es imposible entenderse sin ‘The Avengers’. La cinta, que es la cuarta más taquillera de la historia, rompió todos los moldes posibles y creó una nueva forma de crear franquicias totalmente novedosas que esta siendo copiada hasta la saciedad, pero lo cierto es que su buena acogida fue en gran parte gracias a un tercer acto sencillamente sobresaliente. Si bien hasta dicho momento el film transcurría de manera aceptable, su espectacular batalla fue la necesaria para que diera ese salto de calidad que necesitaba y hay claramente dos momentos que sobresalen por encima del resto, aunque aquí hemos decidido obviar la espectacular “parada” de Hulk, en detrimento de la que consideramos la escena que mejor representa a Marvel y, sobre todo, a los superhéroes.

El plano secuencia que va mostrándonos a todos los Vengadores en un fantástico travelling es sin duda el mayor gozo “freak” que uno puede experimentar hasta el momento, una fenomenal secuencia representativa de esta nueva era, que saca lo mejor de los cómics y que invita a todo aquel que pase, a soñar con ser un superhéroe. La mayor muestra de lo que el género nos puede ofrecer, y que capta la esencia de las viñetas como nunca nadie lo ha conseguido.

Es puro Marvel, puro cómic.