Crítica ’99 homes’: Dualidad protestante

99Homes

Como un engranaje supeditado a las condiciones sociales que vive actualmente Europa y a la crisis que sufre una buena parte de la sociedad, la historia escrita y dirigida por Ramin Bahrani centrada en Norteamérica resulta de manera bastante obvia extensible a otros lugares del mundo. Un drama social en torno a los tan famosos desahucios (muy conocidos por desgracia aquí en España) que conforma una ferviente demostración de una de las múltiples variantes del descontento social actual, en un relato que sigue a un padre en su intento por recuperar su casa mientras trabaja para el hombre causante de su situación.

Sin demasiadas sutilezas pero con una probada eficacia, el director golpea una y otra vez en la desesperación familiar, en las tenues brisas de esperanza y en la corrupción de un sistema económico basado en lo puramente económico, valga la redundancia. ’99 homes’ pone al descubierto la cara conocida por todos, la de la avaricia y las entrañas de un sistema bancario caduco y beneficioso para los de siempre, a la par que desenmascara la caída y redención del trabajador, la llamada del dinero y el poder. Surte efecto como una potente crítica a la deshumanización de las altas esferas y regodea su visión en las consecuencias familiares, y sin embargo, son las notables interpretaciones de Andrew Garfield y Michael Shannon las que van marcando el interés de una cinta que atrapa y engancha. Habría cabido esperar una resolución más contundente y con los pies en el suelo, acorde al metraje mostrado, pero Bahrani resta impacto a su protagonista y pone mano blanda para una historia que reclamaba un punto y final de mayor realismo.

Desmonta los sinuosos y envenenados caminos del ascenso a la cima y deconstruye la honestidad del hombre para mostrar la cara más necesitada del obrero, una trayectoria de la necesidad real a la avaricia directa y sin concesiones. Al final, ’99 homes’ podría ser perfectamente un alegato en términos cinematográficos de un movimiento como el 15M, una representación aproximada para los políticos y empresarios que no salen a la calle a mirar el mundo en el que viven, donde quizás un acercamiento al séptimo arte, actuando una vez más como expresión del pueblo y voz protestante, les abra un poco los ojos. O no.

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