Crítica ‘It Follows’: Del horror a la reflexión

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El contador empieza a sumar y en pantalla vemos una larga calle. Durante los próximos tres minutos, un largo plano secuencia va dibujando de forma precisa las bases sobre las que se asienta la cinta, y una tensa sensación se apodera en escasos segundos. Con una rotación sobre sí misma, la cámara enseña y deja reposar, una chica sale corriendo desde su casa para acto seguido volver y repetir el proceso, en principio sin motivo alguno. Una escena que podría ser de cualquier película del género, pero con una exquisita realización y una elegante técnica que la desmarca desde el principio de cualquier otro producto que hayamos visto en años. ‘It Follows’ es el segundo largometraje de David Robert Michell, una “indie” de terror que cuenta la historia de Jay, una joven de 18 años que tras realizar su primer acto sexual con su novio, se ve envuelta en una pesadilla donde la persecución y la estela de ese momento le atormentara en la forma de un ente desconocido.

Y a partir de esa premisa, un aparente déjà vu tantas veces presenciado puede hacernos caer en el equívoco prejuicio de estar ante otra más, pero alejándose de la presunta realidad y a pesar de la reiteración de situaciones similares que van sucediendo a lo largo del film, todo sabe a nuevo con un regusto a lo clásico y tradicional pues ciertos aspectos remiten al cine de John Carpenter, tratando el material con un refinado estilo y una viva fascinación por el poder las imágenes. Mitchell saca jugo a cada plano, cada toma de sus personajes y cada punto estratégico de los lugares de la historia, relatándonos lo que es al fin y al cabo una constante “persecución-escape”, pero utilizando los entornos abiertos en vez de los cerrados (claustrofóbicos y tópicos) escenarios del terror más común. Por ello, el doble mérito de manejar el suspense y la tensión con maestría, envolviendo a sus elementos en una atmósfera de inquietud y fría extrañeza con una puesta en escena soberbia donde el lenguaje visual es tan protagonista como Maika Monroe, quien otorga una solvente actuación y echa sobre sus hombros la mayor carga emocional. Pero si bien hacíamos referencia al cine de Carpenter como guía, su presencia se encuentra más en la forma que en el contenido puesto que la parte más interesante de esta ‘It Follows’ se encuentra más en su mensaje encriptado que en su figura. Y aquí resulta inevitable sumergirse en el simbolismo tan característico de David Lynch, donde un tema en concreto es el que sirve como sustento a la narración, utilizando como pocos han hecho al género como excusa para tratar, en esta ocasión, el sexo y no como maquinaria de sustos.

No es casualidad que el detonante de las situaciones y el acoso sufrido por la protagonista sea su primera relación sexual y que con ella a su vez se acaben los problemas. De una forma metafórica y explícita, asistimos ante el clásico punto de partida de ser sobrenatural persigue a chica/chico para, efectivamente, regalarnos de manera excepcional las dosis requeridas de tensión y sin embargo, detrás de ello se esconde la visión del director de un retrato sórdido de la realidad social. Una muestra en clave del sexo como punto y aparte, como inicio de los temores y los problemas y el paso definitivo hacia la adultez, dejando atrás toda inocencia y entrando en el mundo de las sombras, lugar del que no hay escapatoria. Mientras, reproduce la conducta actual de las jóvenes generaciones y es en ese terreno cuando la línea entre el retrato y la crítica se hace más difusa, poniendo sobre la mesa el debate entre el acto sexual y el amor, las consecuencias en su (no) interrelación y dejando en el aire pistas para desentrañar el mensaje, especialmente en su plano final, tan reflexivo como verdadero. Es pues, una innovación importante en un tipo de cine no muy dado a las segundas lecturas y mucho menos a lagos tan profundos en el que pocos atreven a mojarse. Mitchell no cambia las formas, pero las maximiza y le añade una bienvenida ración de nuevas capas a un producto, hasta cierto punto, original, y que solo su reiteración en su esquema durante el metraje le pone algunas trabas a esta nueva forma de terror. Una vez más, el cine independiente vuelve a ofrecer lo que los productos comerciales no pueden mayormente: una elegante experiencia, magnética y con nuevas pautas bajo el brazo.

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Un comentario en “Crítica ‘It Follows’: Del horror a la reflexión

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