Crítica ‘Déjame entrar’: Pequeña y única joya

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No es de terror, no es de discriminación, no es de vampiros, no es de acoso, no es de drama… ¿Qué es la nueva película de Tomas Alfredson? Es todo eso y mucho más, porque ‘Déjame entrar’ es una obra única, magnética, cautivadora y extrañamente inquietante. Este novato director sueco, quién algunos identificaréis por dirigir ‘El Topo’ en 2014, firma aquí su carta de presentación, una cinta que se han convertido en un producto de culto, donde dos niños tan diferentes como iguales encuentran su sitio el uno en el otro.

El film cuenta el relato de Oskar, un niño de 12 años que sufre acoso en la escuela y que termina haciéndose amigo de Eli, su nueva vecina de la misma edad. El problema es que Eli no es una niña cualquiera, es un vampiro, pero a pesar de todo Oskar hará lo posible por mantener su amistad.

‘Déjame entrar’ es un milagro, un pequeño milagro tan imperfecto como estremecedor. Es un film que es muchas cosas, es conmovedor e inquietante, hipnótico y perturbador, esperanzador y desolador. Pero por encima de todo es una historia de dos almas perdidas, un relato de dos personas que se sienten rechazadas en el mundo y que gracias al poder de la amistad, consiguen reconciliar sus almas y encontrar la paz. Es un bellísimo retrato donde dos niños tan diferentes en esencia, son tan parecidos en el interior que asusta y conmueve. Alfredson adapta la novela homónima con una fuerza tan fantástica y arrolladora como su éxito en 2008, un film que remueve las entrañas, golpea en el corazón y te deja hechizado por el poder de sus imágenes.

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Y es que aquí lo que menos importa son las palabras, ni siquiera la trama. Cuando los sentimientos afloran es cuando la película brilla con más intensidad, porque es en base a los personajes de Eli y Oskar sobre lo que gira el film. Nos muestran sus problemas familiares, sus problemas con el mundo y la sociedad y nos muestra como en los momentos que se juntan, todo desaparece y deja espacio a la amistad. Una amistad tan extraña como es una relación entre un vampiro y un ser humano, pero que a pesar de tener cada uno sus problemas en relación a su persona y su verdadero ser, lo cierto es que no hay mucha diferencia en sus preocupaciones. Algo que retrata fantásticamente el director en una dirección magistral, un enfoque de planos y perspectivas que busca incesantemente representar tanto la parte más íntima de los personajes como su relación con el mundo, en una puesta en escena fría y angustiosa que provoca una inquietante desolación en el espectador. Porque en esta ocasión las imágenes y la fotografía (excelente ambas) juegan un papel tan importante como sus dos protagonistas, y es lo que realmente provoca que el film vuele alto y consiga diferenciarse de las demás películas.

Otro de los grandes aciertos del film es la de tratar a la figura del vampiro de una manera realista como no se había visto en lo que llevamos de siglo. Baja al mito al suelo y profundiza en él de una forma tremendamente singular, que refuerza ese aura al tomar la decisión de representarlo en una niña de 12 años. Es un vampiro mucho más humanizado, sangriento como siempre, pero más solemne y consecuente con sus actos. Sufre, se disgusta y acepta, pero le repulsa su condición. Tomas Alfredson enaltece la figura del monstruo y le dota de profundidad a escala humana, en una fabulosa interpretación de Lina Leandersson cargada de fragilidad, fuerza y emociones, convirtiéndose en la estrella indiscutible de la cinta. Y es así, porque aunque Kåre Hedebrant cumple bastante bien en su papel de Oskar, no se encuentra a la altura de su compañera. Hay algunos personajes más que tienen presencia en la pantalla y aunque tienen unos papeles más que secundarios, sí que cumplen con solvencia, como Peter Carlberg, Per Ragnar o Ika Nord, entre otros.

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Son varios los frentes que toca la cinta de Tomas Alfredson, y todos ellos están relacionados con el individuo en la sociedad. El principal por supuesto es la búsqueda del alma gemela que tenemos todos, pero temas como el acoso escolar, los problemas en la familia, la separación, la exclusión social o el ser diferente al resto están tratados de manera más que acertada, de una forma dura y seca que se apega al tono del film, provocando que el drama funcione francamente bien. Aunque si conseguimos escarbar un poquito más también nos encontraremos con referencias a las homosexualidad (casi imperceptible) y a la política, pero muy ligeramente y sin apenas presencia en el desarrollo.

Por desgracia, ‘Déjame entrar’ no está exenta de fallos y es que si bien sus virtudes son muchas y consigue imponerse en buena parte del metraje, en otro tanto hay una sensación de pesadez que es difícil de ignorar. El ritmo del film es bastante lento, lo cual no supone en su mayoría un problema ni mucho menos, al contrario, realza y deja tiempo para exhibir los logros del visionado. El problema viene en que hay momentos que se extienden demasiado, donde se nota claramente que una aceleración en el ritmo hubiera venido de perlas ya que son situaciones que son intrascendentes y provoca que haya partes que se hagan algo pesadas. Es una pena porque hay tantas escenas que resultan endiabladamente poderosas, que un mayor equilibrio en la cinta podría habernos dado algo mucho más grande, una obra maestra, pero que finalmente se queda algo corta.

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Aún así, el film sueco dirigido por Alfredson es uno de los productos más especiales de los últimos tiempos. ‘Déjame entrar’ es sin duda una pequeña rareza, que basa sus fortalezas en una dirección impecable, una pareja de lo más peculiar y un torrente de emociones que conjuga la belleza con lo perturbador, en una atmósfera inquietante y conmovedora. Una pequeña joyita del cine sueco, una película de culto que nadie debería perderse y una experiencia única.

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2 comentarios en “Crítica ‘Déjame entrar’: Pequeña y única joya

  1. Yo quiero darle una nueva oportunidad a la película por que la primera vez que intenté verla me echó para atrás su ritmo lento y aparente frialdad. Y no es que no me gusten las películas lentas que la Solaris y el STALKER de Tarkosvsky me parecieron dos peliculones.

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    • Hola Radnagouse, muchas gracias por comentar la crítica.

      Lo cierto es que tiene partes en que es demasiado lenta para mi gusto, pero si eres capaz de aguantar esos momentos, veras que hay escenas fantásticas y que merecen muchísimo la pena. Vas hacer bien en darle un oportunidad, aunque claro esta, cada persona es un mundo 🙂

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